Esa Cosa En El Bosque

14 de febrero de 1965

Escribo esto porque no estoy seguro de que mi vida dure mucho tiempo mas, Él cada vez se acerca mas al pueblo, las protecciones parecen no hacer efecto, el cura no sabe que hacer, y ya ha dejado de venir a la casa, el también tiene miedo, las armas no sirven contra Él, Dios, si es que existe, se queda de brazos cruzados, mientras eso, esa cosa, sigue acercándose.

Primero solo se quedaba en el bosque, y solo se acercaba para llevarse una o dos vacas al mes, así que nosotros todos los meses, dejábamos 2 vacas en un viejo galpón cerca del bosque, su bosque, nosotros sabíamos que si no lo molestábamos, le dábamos su comida, y no entrábamos en su bosque, no nos haría nada.

Pero últimamente, Él se empezó a comportar algo extraño, eso empezó desde que esos extraños se alojaron en el pueblo, desde el primer día en que ellos pisaron el pueblo, esos dos hombres, ambos armados con escopetas, y ropa de camuflaje, al estilo militar. Muchos vecinos afirman haberlo visto a Él observando la posada toda la noche, al otro día les dijimos que se vallan, pero se negaron.

La segunda noche, se lo vio a Él en el techo de la posada justo sobre la ventana donde esos dos hombres dormían. Les alertamos sobre eso, les dijimos que si no se Iván estaban condenados, y que condenarían al pueblo también, pero esos tipos no nos hicieron caso. Dijeron que se quedarían 5 días mas, pero no pudieron cumplir, ya que en la tercer noche El entro a la posada, se escucharon disparos, y luego unos gritos desgarradores seguidos de un fuerte rugido, entendimos que el se había encargado de ellos.

Creímos que todo había terminado, pero al parecer el estaba enfadado con nosotros por hospedarlos, ya que todos los días una persona, niños, adultos, ancianos, no importaba la edad, aparecía muerto clavados en los troncos de los árboles en los limites del bosque, a la vista de todos, y cada vez que alguien se acercaba no sobrevivía la siguiente noche. Solo quedamos 21 personas en el pueblo, 6 hombres 8 mujeres y 7 niños.

Todos estamos en la iglesia y a.C. nos quedaremos, ya que sabemos que si salimos del pueblo el nos matara sin importar que. A el las balas no lo detienen, ya que sus heridas solo duran unos segundos, y ni siquiera un escopetazo en la cabeza sirvió, ya que su cuerpo rápidamente volvía a regenerarse. Solo lo enfurecía más y más. El, esa cosa, estaba acabándonos 1 a 1, todas las noches, aunque desde que todos estamos juntos, el no nos a atacado, ya que somos muchos, aunque no creo que sea eso, el nos quiere producir miedo, o esta esperando que nos matemos entre nosotros al empezar a sentir hambre.

Cualquiera que sea su plan no me gusta. Esa cosa repugnante, con esos grandes ojos color verde, pero de un verde fluir, esa figura humano idee, y su poco pelo, lo hacían lo mas repugnante que vi. En mi vida, pero lo peor eran sus brazos, 4 brazos con manos terminadas en unas afiladísimas garras de unos 3 o 4 centímetros, aunque no estoy seguro por la distancia. Su piel es de un verde oscuro, igual que el de las hojas de los árboles del bosque.

17 de febrero de 1965

Esa cosa, esa maldita cosa se ha llevado a mi hijo! lo odio, quiero acabar con el. Pero se que no puedo. Además si fuera y hallara mi muerte, mi esposa quedaría sola, ya bastante destrozada está, con la pérdida de nuestro único y amado hijo. Se que no puedo hacer nada, la impotencia y el miedo me están matando…

25 de febrero de 1965

¡Demonio de mierda!, no puede ser, no esta conforme con llevarse a mi hijo hace poco mas de una semana, ahora me hace esto, ¡maldito! el, como se atrevió a llevársela, mi esposa, Maria, esa cosa Sigue leyendo

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Una noche con la muerte

( http://terrorpsicologico1.blogspot.mx/ )

Todo
empezó como un día cualquiera me levante e hice todo lo q tenia q
hacer, llego la noche y toda mi familia iba a ir a una discoteca a
bailar.

Pero yo soy de esos q no les gusta bailar ni nada de esas cosas por
el estilo.. yo me quede viendo tele cuando de repente tiraron una piedra
de tamaños inhumanos sonó como si estuvo lloviendo rocas gigantes, no
puse mucha atención y me fui a acostar.

Estando en mi cama estaba haciendo reflexiones del dia y pensando,
el frio q habitaba en mi cuarto no me dejaba dormir.. empece a mirar el
techo y ecuche unos pasos de un caballo, parecía q el techo iba a
romperse y me iba a caer encima cerre los ojos esperando q yo estuviera
dormido y fuera un sueño.

Sali asustado de mi cuarto hasta la cocina para tomar un vaso de
agua… regrese a mi cuarto menos asustado por que ya no escuchaba los
pasos de ese caballo abri mi puerta y para mi sorpresa un niño como si
había muerto hace años con su carita demacrada, triste.

Corri asustado del miedo por toda la casa esperando q mis padres
llegaran pero parecía un milagro imposible saque un rosario(cosa q
descubri q no sirvió de nada) y queriedo asustar a ese niño no me hizo
caso y me pregunto

– ¿oye, quieres dormir?¿cierto?

…me quede medio petrificado y con mucho costo le dije q si, el niño
desapareció y logre dormir…luego siendo las 3 de la madrugada.

Mi familia ya estaba en casa todos dormian,algo me levanto sintiendo
q era una mano q toco mi cabeza acariciando mi pelo, era una mano muy
fría y pequeña, pensaba yo era el niño, pero queriendo abrir los ojos no
pude abrirlos, pero supe por pensamientos q esa mano no era de ese niño
por q me hablo y no era esa voz triste y pequeña de ese niño, era una
voz gruesa y rigida como la voz de una amenaza, después ya no eran
caricias eran rasguños,…. Luego desapareció y no supe mas de esa mano,
ni del niño.. a las 5 de la mañana desperté con un fuerte dolor de
cabeza y unas pequeñas heridas en la cabeza.

esta en una historia completamente real la vivi el año pasado…

por rogeliofm

“Muñeca Maldita”


20 de Diciembre 

Querido Papá Noel

 

Soy una niña de ocho años llamada Guadalupe. Todos me dicen Lupe así que tú también puedes llamarme así. Me he portado bien todo el año, he cumplido con la tarea de la escuela, también he sido una buena hermana al cuidar del bebé cuando mi mamá se va de noche y regresa a la madrugada eufórica y sonriente como nunca. Así que creo que merezco un buen regalo. Ayer a la tarde vi en el centro comercial la última Barbie, la que viene con la bañera y se le puede teñir el cabello. Sé que es un poco cara, pero creo que podrás conseguirla para mí. Porfis, Papá Noel. Porfis porfis porfis

 

26 de Diciembre
Querido Papá Noel
¡Muchas gracias por la muñeca! Soy la niña más feliz de este mundo. No puedo dejar de admirar la Barbie y jugar con ella. Tiene algo extraño en su mirada, pero no importa, tal vez sean cosas mías. Te mando un saludo y te deseo un buen viaje de regreso al Polo Norte. Con cariño, Lupe
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31 de Diciembre
Querido Papá Noel
Sé que la Navidad ya pasó y que ahora seguramente debes estar descansando en tu casita en el Polo, pero quisiera pedirte una última cosa. Quiero que te lleves la muñeca. No es mi intención parecer desagradecida, en realidad estoy muy feliz con la forma en que me trataste, pero la verdad esa muñeca me da miedo. Su mirada brilla durante la noche. Y a veces, sobre todo cuando mi mami no está y yo quedo sola con el bebé, la muñeca se mueve. Traté de tirarla o dejarla en el desván, pero de alguna manera siempre vuelve a mi habitación. Y yo tengo miedo por el bebé. Creo que quiere hacerle daño. Así que por favor, llévatela de aquí. Esta noche la dejaré cerca de la chimenea, para que te resulte más fácil encontrarla. Te mando un beso, y espero con toda mi alma que puedas leer mi carta.
XXXXXXOOO
02 de Enero
Querido Papá Noel
Veo que no leíste mi carta. La Barbie sigue aquí. Y mamá se ha quebrado el cuello.
Cayó de las escaleras cuando iba a trabajar. Ahora está en coma en el hospital, le insertaron unos tubos horribles en su boca, por lo que no puede hablar y contar lo que pasó. Pero yo sé lo que pasó. La muñeca se atravesó en su camino. Se colocó sobre un escalón para que mi mami tropiece. Ahora nos cuida una tía lejana, pero ella se va a la noche porque tiene un negocio que atender. Así que yo quedo a cargo del bebé. Ayer apenas pude dormir. Vigilo a la muñeca a todas horas, pero no sé hasta qué punto podré hacerlo. Mi único aliado es Benja, el gato. La muñeca parece tenerle terror y se esconde cada vez que Benja se encuentra cerca. Así que me llevé al gato a la habitación conmigo, y juntos cuidamos al bebé. Pero te repito, no sé cuánto tiempo podré aguantar esta situación. Ahora que mi mamá no está, la muñeca anda a sus anchas por la casa. Aparece en el living, después en el baño, más tarde en la cocina. Y su mirada. Sé ahora que es la muñeca del diablo. O de su hija, si la tuviese.
Por favor, Papá Noel, sé que tienes los poderes para hacer desaparecer la muñeca. Te pido que regreses y te la lleves.
Porfis porfis porfis
03 de Enero
Papá Noel:
Ahora estamos totalmente solos, el bebé y yo.
Benja apareció muerto en el patio.
03 de Enero (Noche)
Papá Noel:
Ya perdí todas esperanzas. Sé que no estás leyendo mis cartas. Estamos encerrados, mi hermanito y yo, en su dormitorio. La casa está sola, y hay ruidos afuera. Una pequeña sombra se recorta contra la línea de luz debajo de la puerta. Es ella. Es la muñeca. Se agacha y me mira a través de la hendija. Sonríe. Sus ojos brillantes me dejan sin aliento. El bebé en la cuna se mueve y comienza a rezongar. Estamos solos.
Estamos solos, Papá Noel.
Y creo que la muñeca se ha cansado de jugar: ha metido medio cuerpo debajo de la puerta, y está tratando de ingresar a la habitación.
12 de Marzo
Papá Noel:
Sé que hace rato no te escribo, porque la verdad estaba enojada contigo. No leíste ninguna de mis cartas, y por tu culpa ahora yo estoy aquí, alejada de mi casa y mi familia.
El bebé está muerto.
Mi tía lo encontró a la mañana siguiente. Yo me había quedado dormida y aunque le conté de mis intentos de protegerlo de la muñeca, ella no me creyó.
Hicieron una autopsia al bebé, y encontraron a la muñeca dentro de su barriguita. Aún lloro cada vez que recuerdo ese terrible momento.
Y luego me trajeron aquí. Yo conté mi historia a la señora que es dueña del lugar, conté de la muñeca y sus ojos refulgentes. De su intento de matar a mamá, y de los crímenes que cometió contra Benja y mi hermanito. La señora me escuchó atentamente y luego me mostró un video, supuestamente registrado por la cámara que está en la habitación del bebé.
Y en el video aparezco yo con la muñeca, sólo que ésta no se mueve ni sus ojos refulgen en la oscuridad. Me aproximo a la cuna del bebé y comienzo a meterle la muñeca por la boca. Es un video horrible, el más horrible que vi en mi vida, y trato de apartar la mirada, pero la señora me obliga a seguir viendo. En el video yo comienzo a gritar cosas, mientras el bebé se pone morado y se agita sobre su cuna. Le digo que lo odio, que lo odio desde que él nació, porque por su culpa yo tengo que quedarme hasta altas horas de la noche cuidándolo y cambiándole los pañales, y como consecuencia mis notas han desmejorado mucho. Las notas de la escuela eran lo mejor de mí, le grito, y ahora soy una alumna mediocre porque no tengo suficiente tiempo para estudiar como cuando vivía únicamente con mi mamá, y con Benja.
El video se termina ahí. No sé qué habrá pasado después, seguramente lo cortaron. Pero a mí no me engañan. Sé que la chica de la filmación no soy yo. Es la muñeca. De alguna manera se hizo pasar por mí. Y ahora yo estoy encerrada, mientras ella debe andar en algún lugar de la ciudad, escondida y planificando sus próximos crímenes.
Pero no importa, tarde o temprano saldré de aquí, y la encontraré. Y entonces me vengaré de ella. Y también de mi mamá, por haberme encerrado en este lugar.
Y de mi tía, por no creer mi historia.
Y de la señora que me mostró el video.
Y también de ti, Papá Noel.
Por no haber escuchado mis advertencias.
Por no haber leído mis cartas.
Iré al Polo Norte y te buscaré.
Y te encontraré.
No te quepan dudas de ello.
Te enseñaré a no ignorar a las niñas desamparadas como yo.
Con cariño,
Lupe
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El Roto Que Engaño Al Diablo

El Diablo es tan diablo, que hasta los más malvados le temen.

Es que nadie se atrevía con el Diablo, hasta que cierta vez, hace mucho, muchísimo tiempo, se encontraba un roto (persona pobre de malas costumbres) chileno.

Bartolo era un huaso joven que todo le salía mal en ese año: en otoño se le helaron sus cultivos y en invierno se le inundó el sembrado. De pura flaca se murió su vaca. Así que Bartolo dejó el yugo, el arado, la rastra y el rastrón, y partió en busca de mejor suerte.

Tenía familiares en la costa que eran pescadores. «Pero si yo no conozco el mar», se dijo a sí mismo el pobre Bartolo. «Ser minero debe ser más fácil», y se encaminó a los lavaderos de oro, en donde se decía que las pepitas de oro eran abundantes como chicharrones en un plato de porotos.

Pero no encontró oro. Volviendo triste a casa, se preguntaba cómo podría resolver sus problemas económicos. Tenía miedo, pero más que miedo, vergüenza de volver a su familia sin dinero, pues se acercaba la fiesta de aniversario de Chile y él quería bailar una buena cueca con La Peta, la chica más linda y hacendosa de la comarca.

Entonces recordó una idea que tuvo su abuelo para hacerse rico, pero que nunca intentó por miedo: hacer un pacto con el Diablo.

El joven arrogante pensó, «De más que hago pacto con el Diablo», pero apenas se dijo esas palabras, sintió miedo.

Ya entrada la noche, fue al bosque, era una de esas noches sin luna. Con toda la fuerza de voluntad, y con lo que sus pulmones le permitieron, gritó «¡Patas de Hilo!» tres veces, uno de los apodos del Diablo en Chile, como también lo son Malo, Malulo, Cachudo y El Cola en Punta.

Un relámpago abrió de par en par el cielo, la tierra tembló y el joven sintió un olor a azufre.

Entonces lo vio… De barbilla, bigote y rabo; de chispas por los ojos y una risa del demonio.

Bartolo no se asustó, sorprendentemente, y luego ambos comenzaron a hablar de negocios. Bartolo quería venderle su alma, ya que nada más tenía.

—Cien mil pesos y mi alma es tuya —sentenció Bartolo, y al Diablo le pareció un buen precio por un alma, así que se los dio.

—Pero hay que firmar un pacto —dijo el Diablo—. ¿Cuándo queréis que te lleve?

—Hoy mismo —respondió Bartolo, haciéndose el tonto.

El Demonio se extrañó mucho, pues todos le pedían años y años para gozar la vida. Por fin, ambos acordaron que el Diablo vendría a buscarlo mañana. El Malo le pinchó el dedo corazón al huaso, y con su misma sangre, escribió:

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

En cuanto el huaso lo firmó, el Diablo lo recibió y desapareció, entre una risa maléfica y una explosión de fuego, humo y olor a azufre.

No hay necesidad de decirlo, el huaso Bartolo aprovechó al máximo sus cien mil pesos, con un caballo, ropa de buena calidad, dinero para sus familiares y dinero para La Peta, con la cual bailó un montón de cuecas.

Se le hizo corto el día.

Apenas anocheció, fue a su cita con el Diablo, el cual lo saludó con su sonrisa endemoniada.

—Muy bien —le dijo—. Mucho gozaste, ahora recibo mi premio.

—¿Cómo que recibes mi alma? —dijo Bartolo irónico—. Tan Diablo eres, y no sabes leer…

De mala gana, el Diablo sacó el pacto, y lo leyó.

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

—Es verdad —dijo—, la cosa es mañana.

—Así es —asintió Bartolo—, pero déjeme otros cien mil pesos por el viaje y la puntualidad.

El Malo se los dio.

—¡Mañana te espero! —le dijo al pasárselos.

—Mañana volveré —aseguró el huaso.

Y cuentan que el roto siempre volvía, y el Diablo siempre leía aquel pacto que entraba en una contradicción temporal.

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

El Diablo, que se dio cuenta de esto en algún momento, le dijo, ya cansado:

—¡Me has engañado!

Y estalló, ardió; había fuego por doquier. Bartolo no se explicaba cómo era que no le pasó nada.

Las historias cuentan que el roto se mudó del campo hacia el gran Santiago para evitar estar solo en los bosques, y que le apareciera el Diablo.

También se dice que hizo un pacto con la Tierra, la cual lo ayudó con su granja, que ahora que tenía dinero, la mejoró y comenzó su producción.

Pero por los bosques de Chile, cerca de las granjas, cuando los perros se ponen a aullar, los ancianos aseguran que sale el Diablo buscando al huaso roto que lo engañó.

Pequeñas Zorras

La muñeca enterrada

 

Pedro era casi como un hermano para Juan, ya que ambos se conocían desde hace algunos años y eran inseparables. Los dos iban al mismo instituto, estaban en la misma clase y, casi siempre que organizaban trabajos en grupo, se juntaban.

Un día la maestra de Ciencias Naturales mandó una tarea bastante rara, aunque ciertamente entretenida: los alumnos debían traer muestras de distintos tipos de tierra según el nivel de profundidad, guardando en bolsitas un puñado de tierra cada cinco centímetros que horadaran en ella. Como de costumbre, Juan y Pedro se juntaron para trabajar, aunque en realidad aquello de «trabajar» era un pretexto, una excusa perfecta para que ambos consiguieran el permiso de sus padres para ir al bosque en las afueras de la ciudad.

Una vez allí decidieron que no se adentrarían demasiado para no correr el peligro de perderse; no sería la primera vez que algún excursionista poco experimentado se desorientaba en ese bosque (en algunos casos con funestos resultados). Marcaron con una tiza todos los árboles por los que pasaban para no confundir el camino de vuelta, y empezaron a adentrarse un poco más de lo pactado en las profundidades de la imponente masa de árboles. Llegado a un punto un extraño claro les llamó la atención.

—Este sitio es perfecto para escavar, aquí seguro que no nos molestan las raíces de los árboles, y además esas piedras parecen «cómodas», podemos sentarnos a comer un bocadillo —dijo Juan.

—El bocadillo me lo comeré yo mientras escavas, porque desde luego no me pienso ensuciar la camiseta nueva —bromeó Pedro poniendo voz de niña consentida.

—Hagamos una cosa, nos comemos el bocadillo ahora, y con el estómago lleno nos lo jugamos a cara o cruz —dijo Juan, pues tenía hambre desde hacía casi una hora.

Tras quince o veinte minutos de risas y bromas, acabaron su almuerzo y Juan sacó una moneda.

—El que pierda empieza, estamos cinco minutos cada uno y continúa el otro. Que por la Bruja de Ciencias no me pienso partir la espalda. Tampoco vamos a enterrar a nadie, así que 50 centímetros de profundidad como mucho.

—Vale, prepárate a perder —dijo Pedro mientras sacaba de su mochila las herramientas de jardinería que le había pedido prestadas a su padre.

Juan perdió el lanzamiento, y un poco desganado empezó a buscar por todas partes para elegir dónde comenzar a cavar. Vio de pronto un montón de hongos rojos con puntos blancos, todos creciendo juntos en el mismo lugar. Aquello suscitó en él un entusiasmo infantil que lo hizo correr a cavar en el lugar, como si las setas le indicasen con su presencia la posibilidad de encontrar algo extraño bajo tierra.

—Le voy a guardar unas setas a la bruja, con un poco de suerte serán venenosas —dijo riendo mientras metía en una de las pequeñas bolsas una muestra de tierra de la superficie.

Al tocar la tierra con sus manos, sintió un escalofrío por todo el cuerpo. De pronto comenzó a tener miedo y se levantó de golpe.

—¡Tengo frío, aquí hace más frío que en todo el bosque! —le gritó a Pedro.

—¡Jajajá!, ay sí, ay sí, estás encima de un lugar maldito o hay un fantasma justo donde estás cavando —le dijo Pedro, ridiculizando a su amigo.

Juan, por hacerse el valiente, siguió cavando y juntando la tierra en bolsitas diferentes cada cinco centímetros de profundidad. Entretanto, Pedro exploraba el paisaje y jugaba fútbol con una piedra.

—¡Mira! —gritó Juan cuando llevaba unos minutos cavando. Pedro fue corriendo a ver lo que Juan le mostraba con tanta exaltación; era una muñeca pelirroja de unos treinta centímetros. Al mirarla sintió que un escalofrío le recorría la médula y que el asco se anudaba en su cuello como una larga escolopendra llena de punzantes y grotescas patas.

—¡Agh, suelta eso! —exclamó Pedro con una mezcla de terror y asco mientras se apartaba de aquella repulsiva muñeca tuerta que Juan sostenía en su mano.

Juan, que parecía confundido, miró de nuevo a la muñeca y la soltó horrorizado al ver lo mismo que Pedro: gusanos, enormes gusanos blancos. Se contorsionaban dentro de la cabeza de goma de la muñeca, se agitaban como poseídos y comenzaron a sacar sus pequeñas cabezas por la cavidad en la que alguna vez estuvo el ojo faltante de esa muñeca pelirroja, aún cubierta por una ropa que misteriosamente conservaba su blancura casi intacta.

—¡Pero si cuando la desenterré estaba bien, era preciosa y parecía sonreírme!

El único ojo que le quedaba a la muñeca era inquietante: grande, pero con la parte blanca pintada de negro y con un iris pequeño e intensamente rojo, en el cual había una diminuta y demoníaca pupila.

¿Qué clase de enfermo mental habría escondido una muñeca tuerta bajo tierra? ¿Por qué los gusanos se aglomeraban en la cabeza de la muñeca? ¿Sería verdad lo del frío que mencionó Juan?

Ambos chicos, realmente asustados, salieron corriendo del lugar, sintiendo cómo la mirada del único ojo de esa muñeca se les clavaba en la espalda. Únicamente pararon un par de veces, veces en las que Juan se detuvo a vomitar por la idea de haber tenido en sus manos cientos de gusanos sin darse cuenta. Incluso al llegar a casa a Juan parecía que no lo abandonaban las nauseas, seguía vomitando y su cara se puso de un tono amarillento pálido.

Los dos amigos pensaron que se recuperaría en un par de horas, pero no fue así. Con el paso de los días cada vez estaba más delgado, pálido y débil. Tenía el aspecto de uno de esos enfermos terminales que llevan años luchando contra la muerte en una habitación de hospital, y cuyos médicos no aciertan en diagnosticar una causa para su condición. Una semana después de desenterrar la muñeca, Juan murió.

Desconsolado por la muerte de su amigo, Pedro empezó a relacionarse cada vez menos con los demás y a pasar los recreos en la biblioteca del colegio; en su casa devoraba libros ávidamente y los fines de semana visitaba librerías. Los libros eran sus nuevos amigos, y su refugio. Buscaba explicaciones médicas para poder entender lo que le pasó a su amigo, pero los síntomas que experimentó Juan eran tantos, que parecía que había contraído varias enfermedades mortales simultáneamente.

Un día, en una extraña librería, Pedro encontró dentro de la sección de esoterismo un libro sobre ritos y leyendas. Era un libro viejo y usado, un libro de esos que ya casi no se encuentran y que tienen extraños dibujos entre sus páginas cubiertas de polvo. Allí decía lo siguiente, junto al dibujo de una muñeca igual (excepto porque no estaba tuerta) a la que encontró su amigo:

«El que tenga un mal incurable, que entierre una muñeca igual a ésta mientras entona la presente invocación. Su enfermedad quedará atrapada en la muñeca, pero el primero que la encuentre recibirá la enfermedad y morirá, salvo que realice este mismo ritual».

Todo estaba claro: los gusanos, los hongos, el frío, todos eran indicios de que la muñeca que encontraron en el bosque era una muñeca maldita. Una muñeca en la que por medio de algún pacto o brujería, alguien había desatado una maldición que condenaría a enfermar a aquel que la encontrase y sentenciaría su alma a cambio de su propia curación.

 

Bajo La Escalera

La facultad está compuesta por una serie de naves industriales, seis en total, unidas en la planta baja por un largo pasillo que surca los patios interiores y los atraviesa en línea recta, estableciendo un corte ininterrumpido y perfecto en medio de su arquitectura. De éste, a su vez, se desprende una red de intrincados corredores y salas interconectadas. Como toda construcción antigua y de peso histórico (sumándole el ser ocupada a diario por jóvenes influenciados por películas, alcohol y drogas), alberga un sin fin de mitos, historias y rumores.

Esa noche nos quedamos estudiando hasta tarde en el vestíbulo junto a la biblioteca, varios ya se habían ido y sólo quedábamos Daniel, Martín y yo. Una de las últimas historias que le habíamos escuchado a Aidan (un irlandés de último año de carrera, medio loco por el consumo indiscriminado de LSD, ávido contador de historias curiosas) era que durante la noche se oían ruidos extraños provenientes del subterráneo, como si algún animal correteara bajo las coladeras de los patios, e incluso a veces golpeteara la pequeña y maciza puerta ubicada bajo la escalera de piedra que conectaba la segunda edificación con la tercera. Se me ocurrió mencionarla como por casualidad, esperando que eso rompiera un poco con mi aburrimiento y el ambiente de tedio general.

—¿Eso no solía ser el antiguo laboratorio? Hasta yo sé que lo cerraron porque el bioterio se les salió de control y alguien acusó a los profesores de estar haciendo investigaciones cada vez más inusuales. Las ratas deben estar colándose para hacer sus nidos allí ahora —intervino Martín, sin siquiera despegar la vista de las fotocopias sobre la mesa.

—¡Verdad que estaba el bioterio! Si apenas hace un par de años antes de entrar aquí habilitaron un laboratorio nuevo, debe haber sido tétrico el estar bajo tierra con todo eso —se unió Daniel, bastante más interesado.

El diálogo siguió así un buen rato, intenté hacer lo mejor posible para que no se disolviera y poder convencerlos de investigar un poco más. Martín sugirió darnos un descanso para ir al baño y comprar unos cafés. No podía perderme tamaña oportunidad.

Al salir del vestíbulo, agarré a Daniel del brazo y lo arrastré hacia un costado de la puerta. Sabiendo que es bastante influenciable, puse mi mejor sonrisa, y le dije, «Tú me vas a ayudar». No es difícil darse cuenta de que se inquietó de inmediato, a medida que lo llevaba a la fuerza a las escaleras de piedra intentaba decirme que estaba loca, que fuéramos otro día, con Aidan por último, que conocía mejor los recovecos de toda la facultad y sabría mejor qué hacer. Finalmente se quedó en silencio detrás de mí mientras yo examinaba la cerradura de la puerta que conducía al subterráneo. Parecía algo oxidada y deteriorada por el tiempo y el uso, y la madera circundante estaba astillada, como si alguien hubiese intentado someterla.

Me saqué una horquilla del pelo y la introduje, moviéndola ligeramente. Obviamente no podía ser tan fácil y se atascó, tuve que sacarla a tirones, pero probé nuevamente hasta hartarme. Después metí una tarjeta como hacen en las películas entre la puerta y el marco, hasta que sentí un ligero roce con el cerrojo y decidí forzarlo un poco más. Daniel miraba.

—¿Y no piensas ayudarme? ¡Ven y abramos la puerta! —le grité. Empujamos un poco y pareció ceder sorprendentemente, un poco más de fuerza y de un golpazo logramos abrirla del todo. Se deslizó chirriante, dejando salir una vaharada de aire pesado y algo maloliente, y a esas horas no era posible saber si en algún momento la luz se colaba por las rendijas. Casi por instinto, busqué un interruptor a los lados, y al accionarlo se encendió un pequeño bombillo suspendido en una esquina apenas por un par de alambres. Frente a nosotros, una escalera de fierro de peldaños individuales y una única baranda con la pintura desgastada. La estancia era un rectángulo de paredes desconchadas, que terminaba al lado derecho de las escaleras con algunos casilleros. La explicación de por qué nos costó tan poco abrir la puerta yacía justo en ese rincón, donde el polvo parecía haber sido removido a diferencia del resto del lugar, y habían algunas latas de cerveza aplastadas, colillas de cigarrillos y lo que quedaba de unos pitillos de marihuana. Claro, cómo iba a ser de otra manera.

Bajamos. En el otro extremo del espacio, a la izquierda del final de la escalera, se encontraba una puerta semicerrada con una placa que rezaba «Laboratorios. Precaución: Materiales reactivos. Asegúrese de tener la protección adecuada y el manejo de instrumental necesario».

—¿En serio están haciendo esto? Ali, tenemos que estudiar —resonó la voz de Martín en el pequeño espacio, desde lo alto de la escalera. Dejé escapar una exclamación de sorpresa mientras Daniel daba un saltito hacia atrás. Algo pareció sonar desde el otro lado de la puerta, probablemente una rata escabulléndose por algún estante olvidado.

—¡Es ahora o nunca, Martín! —exclamé casi en un susurro.

Cargué mi peso contra la puerta bruscamente una, dos y tres veces, hasta que noté que algo la trancaba en su posición. Forcejeé hasta que de un empujón Daniel la abrió. Del otro lado casi no se podía ver nada, y el olor era terrible, una mezcla entre húmedo, encerrado y quizás lo que quedó impregnado de la existencia de animales; pero a pesar de eso encendí el flash del teléfono móvil y entré, confiando en que Martín y Daniel me seguirían de cerca.

El corredor continuaba hacia la derecha, dando un rodeo en forma de L, y de la parte alta de la pared sobresalían unas placas de metal pintado junto a la puerta indicando los laboratorios. «Lab3» estaba entreabierta, con el cerrojo notablemente vencido. Entré, algunos taburetes habían sido volcados y había instrumental desparramado por todas partes, los restos de vidrios crujían bajo mis pasos. Aparte del desorden y algunos papeles viejos con apuntes, no encontré nada más.

Creí escuchar algo al final del pasillo, así que fui directo hacia allá. En la placa, esta vez se leía «Biot2». Giré el pomo polvoriento y la puerta se abrió casi sin tener que moverla; en el interior el mismo desorden, pero un olor pútrido como a desechos orgánicos parecía haberse impregnado en las paredes, y la rejilla que daba al exterior apenas hubiera podido ayudar en su momento. Contra la pared, baterías de jaulas y algunas más pequeñas en unos estantes, algunas gradillas todavía mantenían sustancias en su interior sobre una de las mesas. Algo parecía haber desordenado todo recientemente.

Avancé hacia el otro extremo del salón, pateando sin querer un tubo de ensayo que rodó ruidosamente bajo alguna mesa fuera de mi alcance visual, cosa suficiente para ponerme un poco nerviosa. Decidí seguir adelante, en el otro extremo del salón había una puerta que daba a un espacio con varias camillas de metal separadas por cortinas de PVC. Habían unos bultos que parecían ser excremento, pero más grandes que los de una rata, mucho más. Algo parecido a latas de alimento y contenedores de poliestireno rotos estaban regados por el piso, y conforme avanzaba aparecían retazos de tela y mechones de cabello enredados en varios objetos.

Avanzando hasta el fondo, creí ver un bulto cubierto de telas sucias bajo una camilla. Conforme me acercaba, noté que éste temblaba levemente y respiraba de forma agitada. Tenía la piel carente de toda pigmentación y llena de cicatrices y llagas, y se le marcaban las vértebras y algunos otros huesos. No pude seguir avanzando.

Me di cuenta de que había estado pisando algo parecido a trapos sucios, ensangrentados, y lo que parecían ser compresas usadas recientemente, algunas arrugadas con envoltorios plásticos. No era sólo olor a excrementos y orina, era olor a un ser vivo, sangrante y sucio.

La criatura intentó arrastrarse hacia otro rincón más oscuro, pero parecía cargar algo que se lo dificultaba, entonces se quedó ahí, alzando una diminuta cabeza de la que apenas colgaban unos mechones de pelo largo y muerto. Me miraba directamente con grandes ojos redondos hundidos en sus cuencas, la nariz apenas era un tabique y un par de agujeros, que junto a la delgadez de su rostro y labios retraídos, recordaba el aspecto de los enfermos de porfiria. No fue hasta que intentó desplazarse de nuevo, que se desplomó y pude ver que era un ser pequeño, visiblemente desnutrido y que sí se trataba de un humano. Pero quizás eso no fue lo que más me impresionó. Dejó escapar un chillido agudo e infantil, y mientras alcanzaba un bulto más pequeño y enrollado en una manta que había dejado caer al suelo, descubrió parte de él y vi algo que definitivamente no era humano, sino una especie de cara deforme y llena de un pelillo fino y oscuro, y de varios lugares de su cuerpo salían catéteres que alguna vez debieron haber estado conectados a algo más, junto a una serie de cicatrices. Éste comenzó a quejarse, no era un llanto, sino un quejido débil que no era ni tan humano ni tan animal, en tanto que lo que supongo que era su madre intentaba protegerlo con sus esqueléticos brazos sin dejar de mirarme.

Sentí un horror indescriptible. Quise retroceder pero mis pies no me hacían caso. Esa criatura, carente de todo contacto humano por quién sabe cuánto tiempo, reaccionó rápidamente y comenzó a lanzarme lo que encontrara por el suelo mientras chillaba e intentaba esconderse; el bulto peludo se retorcía y quejaba envuelto por uno de sus brazos. Pensé que en cualquier momento volcaría una camillapara aventármela o refugiarse detrás.

—¡No! —fue lo único que se me ocurrió gritar mientras recibía asquerosos proyectiles e intentaba cubrirme con las manos.

Afortunadamente, Martín me había seguido de cerca. Sentí cómo me agarró desde la espalda y me sacó de la estancia. La criatura seguía chillando, lo que ahora parecía más un llanto, y Daniel estaba inmóvil del otro lado de la puerta. Uno de nosotros la cerró al salir, no recuerdo quién, aunque yo estaba segura de que la horrible criatura no saldría de su rincón. Es imposible saber si ella o yo estaba más asustada. Sentí algo similar a la lástima.

Pude ver que dentro de todo el desorden habían unos cuadernos de notas, lápices y jeringas en buen estado. Me dio asco y un escalofrío recorrió mi espalda. Martín nos arrastró a los dos rápidamente fuera del pasillo, obligándonos a subir las escaleras corriendo y cerrando la puerta del subterráneo tras de sí.

—¿¡Pero qué mierda acaba de pasar allá abajo!? —exclamó mientras se desplomaba sobre uno de los sillones del vestíbulo, pasándose las manos por la cara—. ¿Alguien puede responderme? ¿Era eso lo que estabas buscando, Ali? ¡Mírate, no puedes negar que algo ha pasado allí abajo!

Era innegable. Yo lo observaba cubierta de desechos pestilentes, Daniel se miraba las manos. No podíamos explicarlo, no había cómo. Ni siquiera nos incumbía meternos ahí.

Decidí tomar mis cosas, le pregunté a Martín si podía acompañarme camino a casa. Al llegar me di una ducha e hice lo que pude por dormir. ¿Qué clase de horrores se llevaron a cabo en esos laboratorios sin el conocimiento de nadie? ¿Cómo explicar racionalmente lo que había allí abajo?

Semanas después, andábamos por el gran pasillo cruzando el patio, cuando de repente el profesor Rotts (genetista de renombre y autor de un sinfín de documentos relacionados con la investigación genética humana y avances en experimentación animal) pareció entrar con una bandeja de comida y algunas botellas de agua por la puerta bajo la escalera de piedra. Algunos dicen haberlo visto observando las rejillas que dan al subterráneo, y a veces hasta limpiando los residuos atrapados entre éstas

Andy El Titere

Francisco era un niño que tiene algo que ningún niño debe tener o experimentar, sufre de eso que se llama terror nocturno, piensa en tu peor pesadilla y multiplicala por 5 y ahí veras lo que se siente el terror nocturno. Es algo que tiene el poder de ponerte en estado de psicosis, de hacerte gritar, de despertar a mitad de noche, llorar, etc. El pobre francisco sufría de esto cada noche, pateaba las sabanas, echaba un gran brinco y se echaba a gritar y llorar por el pasillo rumbo al cuarto de sus padres, fuera de si mismo, enloquecido por el pavor, los padres se despertaban como cada noche y para peor también despertaba su hermanita que se despertaba llorando con miedo a la reacción de su hermano.

No podían razonar con francisco, “Francisco no hay nada en el closet” “Francisco no hay nada detrás de la ventana” Francisco no hay nada debajo de tu cama” mas tarde que temprano se dieron cuenta que era imposible entrar en razón con un niño de 7 años. Era algo que lo afectaba a el, era algo que afectaba a sus padres, en fin toda la familia lo afecta de manera enorme.

Ya a francisco se le estaban formando ojeras enormes con círculos negros, algo horrible de ver en un niño, la madre muy preocupada y cansada decidió tomar una idea que para unos puede ser ingeniosa y para otros terrible, decidió comprar un títere. Fue a una venta de garaje de su comunidad, y estuvo un tiempo considerable buscando el títere perfecto que ella pensaba porque tenia una idea para dejar el terror nocturno de su hijo. Pero para su mala suerte ya se acaba el día, ya era tarde y ya había ido a la mayoría de las casas sin suerte, cuando unos metros mas abajo, había una casa muy tétrica muy descuidada, y también participaba en la venta de garaje, la mama de francisco se acerco, y vio un títere muy pero muy cuidado, muy limpio, tenia pelo negro, grandes ojos azules, boca pintada de rojo y una cara pálida con un traje bien cuidado. era un títere que resaltaba rotundamente entra las otras porquerías que veia que solo era polvo y oxido, era como ver oro en medio de latas. La mama se alegro y pensó que era el títere perfecto, luego se acerco a la propiedad y salio un sujeto alto y temible, el sujeto tenia un aspecto descuidado, parecía que no se tomaba una ducha o se vestía bien en días. La mama de francisco le pregunto cuanto por el muñeco, el sujeto tenia una botella de licor envuelta en un papel en una mano, y un cigarro en la otra, se echo un trago y aspiro profundamente el cigarrillo, exhalo el humo y con una cara como deprimido le dijo “Te lo regalo ya no lo necesito” La mama de francisco que era muy gentil, no acepto el regalo y le dio 20$ al sujeto que parecía no importarle, el sujeto tiro los 20$ por la ahí, agarro al títere y cuando se lo iba a dar, le echo una mirada al títere y puso una cara de espanto y de temor en su rostro que puso incomoda a la mujer, el sujeto se lo dio rápido se dio media vuelta y metió en la casa sin media palabras. Esa fue la ultima ves que la mama de francisco vio a este extraño sujeto. Que para su joven edad tenia la peculiaridad de no tener ningún diente….

La mama llego a la casa y le dijo que francisco que fuera a la sala, francisco bajo la escaleras cansado, se acerco a su madre y abrió los ojos como unos tapas al ver al titere, anonadado pregunta, “Mama que es eso?” la mama levanto la cabeza y echando mano a la imaginación y se acordó del nombre de una muñeca que ella tenia de pequeña y dice “Es el Sr Haru es un agente secreto que combate monstruos y el te va a proteger por la noche” francisco mira a la mama con los ojos bien abiertos baja la mirada se fija en el aspecto del títere, francisco se ríe como no se reía en mucho tiempo,  y se enamora del sr haru, Valla esos padres se ahorraron mucho dinero en psiquiatras porque la solución de mama hizo un milagro, el sr “haru” fue una idea magnifica, francisco pensaba que de noche el monstruo iba a salir por la abertura entreabierta del closet porque la luz de la noche daba sombras extrañas entre la ropa del closet entonces el sr “haru” era sentado frente del closet y francisco dormía como un angelito, si francisco pensaba que el monstruo iba a entrar por la ventana que nuevamente la luz de la luna hacia que un árbol de afuera cobrara vida a imágenes dentro del cuarto, pues el sr “haru” era sentado en la ventana y francisco dormía profundamente, si pensaba que iba a salir debajo de la cama pues allá iva haru, los resultado eran formidables.

Un día francisco baja la escalera muy contento y le dice a la mama que el títere no se llama haru se llama andy y no le gustaba ese nombre haru, el mismo títere se lo dijo, aseguraba francisco, la mama no le presto mucha atención y le dijo “Ah no sabia hijo mio” y siguió en su quehaceres. Francisco dormía con Andy entre los brazos, y soñaba cosas bonitas, como que el y andy enfrentaba monstruos y siempre ganaban, y era monstruo feos pero como estaba con andy, francisco no tenia miedo. Una noche francisco mientra estaba casi durmiéndose escucha una voz.. la voz de andy… andy le dice:

-“Francisco te puedo pedir un favor muy especial?”

A francisco se le llena el pecho de orgullo y le responde.

-“Claro que si, eres mi mejor amigo”

-“Gracias francisco, confió en ti.. Oye debajo de tu almohada hay un diente, y dentro de poco tu mama llegara y se lo llevara, te importaría dármelo? de verdad me encantaría tenerlo”

El niño no lo pensó 2 veces, se lo dio y se quedo dormido.

A la mañana siguiente la mama le dice a francisco donde estaba su diente que se le había caído ayer, que el “ratón perez” le había dicho que no lo encontró. El niño le dice la verdad y le dice que Andy se lo pidió, la mama se ríe y no le da mas vuelta al asunto y se olvida de ese asunto. Cada ves que a francisco se le caía un diente que no era muy frecuente como todo sabemos, El títere andy siempre se lo pedía, era el único obsequio que le gustaba y ponía una cara de satisfacción Andy cada vez que recibía un diente del niño. Pero luego el niño creció, y creció y se convirtió en un pre adolescente, ya a esta edad francisco estaba bastante grandecito para jugar con muñecos así que andy fue puesto por ahi en un mueble a agarrar polvo, francisco gozaba mas de su independencia hasta tenia una bicicleta que se la pasaba todo el día con ella. Pero las pesadillas regresaron, regresaron con venganza era mucho pero mucho mas peores que la ultima ves, los terrores nocturno otra vez lo asechaba y es que claro una cosa son las pesadillas de un niño pero otra cosa es la pesadilla de alguien mas grande, la de un niño son simples monstruos la de un pre adolescente mmm.. se vuelven mas severas, porque se vuelven mas viles, mas siniestras, esta ves soñaba con asesinatos, con su hermanita muerta, soñaba que a la mama se muria de una enfermedad, que el papa se iba de la casa y aparecía muerto en la carretera, soñó que la hermana tenia un accidente de transito y cuando la iba a visitar al hospital la piel de la cara estaba todo desparramada guindando del mentón y se le veía en carne viva la cara. Y se despertaba nuevamente gritando un dia lloro en silencio ya no sabia que hacer, una tarde llega a su casa, sube la escaleras cansado, lanza la mochila de mal humor por los pasillos entra a su cuarto y ve una escena de horror, al muchacho le empieza a temblar las manos y el cuerpo el titere andy no estaba en el lugar de siempre, estaba en una silla en frente de la puerta, toda la imagen, toda la escena era la viva cosa que el muñeco lo estaba esperando, el titere andy le dice “Pasa quiero hablar contigo” francisco tiembla mas, y el Andy le dice con una voz  que no es del todo amenazante pero por ahi va, “No corras…… Cierra la puerta” como si un adulto malicioso lo estuviera manipulando el cierra la puerta, y queda solo con el titere que le dice con una voz gruesa y histérica.

-“COMO QUIERES QUE TE PROTEJA SI TE OLVIDASTE DE MI! COMO QUIERES QUE TE PROTEJA SI NI SIQUIERA ME HAS ALIMENTADO!”

Francisco gime, solloza, gimotea, El titere andy dice:

-“quieres saber como va a hacer tu vida sin mi en ella?”

en ese momento francisco ve paredes ve un suelo ve un etorno, pero esa pared ese suelo ese entorno que lo rodea de forma claustrofobica esta hecho de carne  humana, de carne viva , de carne sangrante, como si fuera una herida cruda palpitante, y en esas paredes aparecer caras de espectros que gritan y lloran, espectros que se mueven acercándose a francisco, queriendo atrapar mientra gritan y llorar y mueven la cabeza frenéticamente  como si fuera cosas asquerosas orgánicas con tentáculos que le agarran los tobillos de francisco, y francisco grita y grita y llora y siente que finalmente se desmaya. Y después se despierta y ve que tiene su piyama puesta y esta en su cama, y ve que ya es de día y al lado de el esta el títere andy, el cual le dice -“Si me alimentas esto jamas va a volver a pasar”.

En esa tarde francisco esta actuando extraño esta muy pensativo y ya no quiere salir a jugar, en esa tarde los padres no estan y entra al cuarto de sus padres, abre el closet y encuentra el baul de los recuerdos de su mama y empieza a buscar y pidiendole a dios al destino a la suerte a quien le escuchara que la mama mas nunca fuera a revisar el baul y encuentra un frasco con los dientes que habia perdido la hermana creciendo, el se lo da al titere andy pone una cara de satisfecho, y en esa noche vuelve a dormir tranquilamente como lo hacia antes.

Pero como los sueños eran peores que cuando era niño asi que el títere andy quería mas y mas. Y andy exigia que lo peinara y lo limpiara y le lavara la ropa, que lo mantuviera siempre impecable, francisco no se negaba, una noche a mitad de madrugada, andy para a francisco y le pregunta “Yo soy el que mas amas en el mundo?” francisco con la voz temblorosa le dice “Si, si eres el que mas amo en el mundo”.

Debido a la demanda del muñeco, francisco llega a su casa con un diente de tiburón que había comprado en un local, pero a Andy no le gusta, “Mmmh. NO no me gusta!” “Pero si es un diente original” “NO, se siente frió no me gusta!” vaya que el pobre francisco para evitar tener esas horribles pesadillas se haya a si mismo matando gatos, matando perritos, arrancadole los dientes, eso satisface a Andy por ahora….

esta historia tiene un final muy triste…

Francisco ya tiene 30 años salio del trabajo en construcción, tiene un aspecto descuidado y se ha quedado sin dientes, se sube a la camioneta en una mano tiene una botella de licor envuelta en un papel y en la otra un cigarrillo, se echa un trago y aspira profundamente el cigarro, exhalo el humo, y dobla en una esquina a las 2:00 am, se queda viendo a un indigente por 15 minutos a través de sus lentes. Como ya ha hecho varias veces sigue a este vagabundo hacia un callejón,  lo atrae con dinero y procede a golpearlo con un tubo de metal en la cabeza, el pobre indigente o cae adolorido o inconsciente, este para su mala suerte cayo adolorido, francisco saca un mazo y empieza a pegarle en la quijada y en la boca, y empieza a recoger los dientes que caen por las calles llena de sangre y de la boca, lo mete en una bolsa que se llena de sangre y el pobre mal viviente se retuerce del dolor chillando, francisco se va corriendo a su camioneta y se va a su casa, entra y se escucha la llave del cerrojo, entra y ve a andy esperando en una silla, francisco se quita el abrigo, y andy le dice

-“Quien es al quien tu mas ama en el mundo amigo francisco”

-“Eres tu andy, eres tu….”

-“Me trajiste mi comida?”

-“Si te traje tu comida…”

el muñeco celosamente vuelve a preguntar,

-“A Quien mas amas en el mundo ?”

Francisco se echa un suspiro y dice

-“Te amo a ti andy….”

El Personaje Maldito De Sonic R

El Tails Doll es un mito que se formó hace años cuando en Los Angeles, California, una madre encontró a su hijo muerto mientras estaba jugando en su consola Sega Saturn “Sonic R”. La madre al hacer su declaración dijo que el niño se lo pasaba mucho tiempo jugando a su consola, y que esta obsesionado con sacar un “muñeco” o algo así, cuando lo llamó por tercera vez para ir a cenar en la tarde del “dia de acción de gracias”, el niño no respondía y le pareció extraño, porque habian venido sus abuelos a cenar (como cada año) y él siempre los trataba como reyes (porque siempre le traian regalos).
La madre fué a verlo al segundo piso y declaró que tocó insistentemente la puerta, pero el niño no respondía, al entrar lo encontró con los labios azules y las pupilas dilatadas y espuma en la boca. Lo peor (según señala) es que el niño estaba boca arriba con la vista perdida en el techo, y de la TV se repetia una y otra vez una canción que decía: “Can you feel de sunshine?” (Puedes sentir el brillo del sol?).

Según los informes de LAPD (Los Angeles Police Department) el niño murió asfixiado mientras sufría un ataque epileptico, lo cual fué bastante raro, ya que no había antecedentes familiares de la enfermedad. Asumieron que el niño se emocionó demasiado y sufrió de espasmos, lo que lo asustó al grado de no poder respirar.

El mito surgió cuando la familia, luego del funeral, decidió donar sus cosas (cosa común en las familias Estado Unidenses), pero regalaron la consola a el mejor amigo del niño, quién se puso a curiosear y jugar. La Sega Saturn venía con el último CD que jugó el niño, “Sonic R”, al probarlo, vió que lo último que habia hecho (según la memoria del juego) fué desbloquear a Tails Doll.

Esto fué posteado por “IRon7HuMB” (el amigo del niño que murió) en un foro, y luego se extendió el rumor del “juego maldito”.

De hecho, SEGA jamás volvió a usar el personaje en otro juego, debido a la psicosis que se formó y hasta el día de hoy la leyenda del “Tails Doll” maldito persiste… no pongo imagen por que la imagen que tengo es del personaje pero antes, hay en varios foros de internet que aun esta version de Sonic R…tiene la supuesta maldicion. solamente que aqui tiene un “sello” para bloquear la maldicion que Miyamoto creo para esta version. no obstante, este sello tiene una debilidad y es la siguente: jugar el modo “Tag 4 characters” elegir a Tails Doll y jugar con el. el objetivo es perseguir y capturar a todos los personajes. si persigues a Super Sonic (personaje secreto) y lo capturas, pues el sello se rompe y…hasta luego tu alma