Hikiko (subtítulos en español)

Hola Este Es Un Cortometraje Japones De Terror Aver Si Se Atreven Averlo En La Noche Y Por Ser Japones Ya Saben Que Se Cagaran De Miedo :3 Disfrutenla :3 Me Cuentan Como Estubo

hikko

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“Muñeca Maldita”


20 de Diciembre 

Querido Papá Noel

 

Soy una niña de ocho años llamada Guadalupe. Todos me dicen Lupe así que tú también puedes llamarme así. Me he portado bien todo el año, he cumplido con la tarea de la escuela, también he sido una buena hermana al cuidar del bebé cuando mi mamá se va de noche y regresa a la madrugada eufórica y sonriente como nunca. Así que creo que merezco un buen regalo. Ayer a la tarde vi en el centro comercial la última Barbie, la que viene con la bañera y se le puede teñir el cabello. Sé que es un poco cara, pero creo que podrás conseguirla para mí. Porfis, Papá Noel. Porfis porfis porfis

 

26 de Diciembre
Querido Papá Noel
¡Muchas gracias por la muñeca! Soy la niña más feliz de este mundo. No puedo dejar de admirar la Barbie y jugar con ella. Tiene algo extraño en su mirada, pero no importa, tal vez sean cosas mías. Te mando un saludo y te deseo un buen viaje de regreso al Polo Norte. Con cariño, Lupe
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31 de Diciembre
Querido Papá Noel
Sé que la Navidad ya pasó y que ahora seguramente debes estar descansando en tu casita en el Polo, pero quisiera pedirte una última cosa. Quiero que te lleves la muñeca. No es mi intención parecer desagradecida, en realidad estoy muy feliz con la forma en que me trataste, pero la verdad esa muñeca me da miedo. Su mirada brilla durante la noche. Y a veces, sobre todo cuando mi mami no está y yo quedo sola con el bebé, la muñeca se mueve. Traté de tirarla o dejarla en el desván, pero de alguna manera siempre vuelve a mi habitación. Y yo tengo miedo por el bebé. Creo que quiere hacerle daño. Así que por favor, llévatela de aquí. Esta noche la dejaré cerca de la chimenea, para que te resulte más fácil encontrarla. Te mando un beso, y espero con toda mi alma que puedas leer mi carta.
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02 de Enero
Querido Papá Noel
Veo que no leíste mi carta. La Barbie sigue aquí. Y mamá se ha quebrado el cuello.
Cayó de las escaleras cuando iba a trabajar. Ahora está en coma en el hospital, le insertaron unos tubos horribles en su boca, por lo que no puede hablar y contar lo que pasó. Pero yo sé lo que pasó. La muñeca se atravesó en su camino. Se colocó sobre un escalón para que mi mami tropiece. Ahora nos cuida una tía lejana, pero ella se va a la noche porque tiene un negocio que atender. Así que yo quedo a cargo del bebé. Ayer apenas pude dormir. Vigilo a la muñeca a todas horas, pero no sé hasta qué punto podré hacerlo. Mi único aliado es Benja, el gato. La muñeca parece tenerle terror y se esconde cada vez que Benja se encuentra cerca. Así que me llevé al gato a la habitación conmigo, y juntos cuidamos al bebé. Pero te repito, no sé cuánto tiempo podré aguantar esta situación. Ahora que mi mamá no está, la muñeca anda a sus anchas por la casa. Aparece en el living, después en el baño, más tarde en la cocina. Y su mirada. Sé ahora que es la muñeca del diablo. O de su hija, si la tuviese.
Por favor, Papá Noel, sé que tienes los poderes para hacer desaparecer la muñeca. Te pido que regreses y te la lleves.
Porfis porfis porfis
03 de Enero
Papá Noel:
Ahora estamos totalmente solos, el bebé y yo.
Benja apareció muerto en el patio.
03 de Enero (Noche)
Papá Noel:
Ya perdí todas esperanzas. Sé que no estás leyendo mis cartas. Estamos encerrados, mi hermanito y yo, en su dormitorio. La casa está sola, y hay ruidos afuera. Una pequeña sombra se recorta contra la línea de luz debajo de la puerta. Es ella. Es la muñeca. Se agacha y me mira a través de la hendija. Sonríe. Sus ojos brillantes me dejan sin aliento. El bebé en la cuna se mueve y comienza a rezongar. Estamos solos.
Estamos solos, Papá Noel.
Y creo que la muñeca se ha cansado de jugar: ha metido medio cuerpo debajo de la puerta, y está tratando de ingresar a la habitación.
12 de Marzo
Papá Noel:
Sé que hace rato no te escribo, porque la verdad estaba enojada contigo. No leíste ninguna de mis cartas, y por tu culpa ahora yo estoy aquí, alejada de mi casa y mi familia.
El bebé está muerto.
Mi tía lo encontró a la mañana siguiente. Yo me había quedado dormida y aunque le conté de mis intentos de protegerlo de la muñeca, ella no me creyó.
Hicieron una autopsia al bebé, y encontraron a la muñeca dentro de su barriguita. Aún lloro cada vez que recuerdo ese terrible momento.
Y luego me trajeron aquí. Yo conté mi historia a la señora que es dueña del lugar, conté de la muñeca y sus ojos refulgentes. De su intento de matar a mamá, y de los crímenes que cometió contra Benja y mi hermanito. La señora me escuchó atentamente y luego me mostró un video, supuestamente registrado por la cámara que está en la habitación del bebé.
Y en el video aparezco yo con la muñeca, sólo que ésta no se mueve ni sus ojos refulgen en la oscuridad. Me aproximo a la cuna del bebé y comienzo a meterle la muñeca por la boca. Es un video horrible, el más horrible que vi en mi vida, y trato de apartar la mirada, pero la señora me obliga a seguir viendo. En el video yo comienzo a gritar cosas, mientras el bebé se pone morado y se agita sobre su cuna. Le digo que lo odio, que lo odio desde que él nació, porque por su culpa yo tengo que quedarme hasta altas horas de la noche cuidándolo y cambiándole los pañales, y como consecuencia mis notas han desmejorado mucho. Las notas de la escuela eran lo mejor de mí, le grito, y ahora soy una alumna mediocre porque no tengo suficiente tiempo para estudiar como cuando vivía únicamente con mi mamá, y con Benja.
El video se termina ahí. No sé qué habrá pasado después, seguramente lo cortaron. Pero a mí no me engañan. Sé que la chica de la filmación no soy yo. Es la muñeca. De alguna manera se hizo pasar por mí. Y ahora yo estoy encerrada, mientras ella debe andar en algún lugar de la ciudad, escondida y planificando sus próximos crímenes.
Pero no importa, tarde o temprano saldré de aquí, y la encontraré. Y entonces me vengaré de ella. Y también de mi mamá, por haberme encerrado en este lugar.
Y de mi tía, por no creer mi historia.
Y de la señora que me mostró el video.
Y también de ti, Papá Noel.
Por no haber escuchado mis advertencias.
Por no haber leído mis cartas.
Iré al Polo Norte y te buscaré.
Y te encontraré.
No te quepan dudas de ello.
Te enseñaré a no ignorar a las niñas desamparadas como yo.
Con cariño,
Lupe
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Navidad siniestra

Diciembre 23.
Son más de las ocho de la noche, Nancy sale para hacer las últimas compras navideñas al centro. Sabe que hay mucha gente, pero le hace falta un regalo, para su madre.
En la última esquina de su colonia, se encuentra siempre un Santa Claus algo sucio que pide caridad, pero ella nunca le ha dado algo de dinero. Por desgracia para ella, de ley tiene que cruzar por ese callejón para salir a la avenida y tomar el autobús. Lo observa esperando que de nuevo le pida limosna, ella intenta cubrir su rostro con su bufanda, pero el anciano la observa desde una distancia.
– ¡¡¡Hijita Feliz Navidad!!!… ¿tendrás algo que darme para una buena causa navideña? -dice el anciano vestido de Santa. Mientras sacude un par de campanillas.
– Discúlpeme… es que no traigo cambio, tal vez en otra ocasión.
– Siempre dices lo mismo… ¡¡Nunca me das nada mocosa!!.-dice exaltado el hombre que desde cierta distancia Nancy no logra visualizar bien.
– Discúlpeme pero no es obligación así que… con su permiso.
– ¡¡¡Perra ramera, pero si tiene para comprar regalos!!!
– ¡¡¡Imbécil!!!.
Nancy se aleja molesta, después de la discusión con el hombre vestido de Santa Claus. Minutos más tarde, alguien se detiene justo detrás del anciano, que sorpresivamente saca de su larga gabardina roja un pica hielo.
Impulsándose se lo incrusta a la espalda del disfrazado, éste de inmediato cae muerto a la nieve; aprisa le quita su vestimenta y se coloca las botas y el gorrillo.
Nancy está algo desesperada, ya es algo tarde y su autobús no aparece, a lo lejos escucha unos pasos sobre el hielo aún húmedo, comienza a escuchar las campanillas, cierra sus ojos imaginando al santa Claus grosero, se levanta para impedir que siga fastidiándola, se da la media vuelta y dice un insulto al anciano, pero a sorpresa de ella, no se trata del mismo Santa. Ella pide disculpas sonrojada y se vuelve a sentar para esperar el autobús.

Las campanillas son colocadas a un lado de ella, Nancy las observa y las encuentra manchadas de sangre. Lentamente alza la mirada y observa el pica hielo ensangrentado tomado por alguien completamente extraño. Antes de que puede decir o gritar algo, le es rayado el brazo, la chica comienza a gritar y correr, tras ella la sigue aquel misterioso Santa Claus.
Desesperada para salirse del peligro, Nancy se esconde en un callejón, pero es vista, de nuevo comienza a correr sin imaginar que no hay salida del otro lado. La chica llega a la inmensa pared de concreto, tratando de buscar una salida, pero no la hay, Nancy observa cómo se acerca hacia ella lentamente aquel terrible ser, la chica respira entrecortada por el pánico. Le toma la cara entre sus manos cubiertas por unos guantes negros; las lágrimas le brotan a la joven, pide clemencia pero es inútil, sin pensar más, el Santa toma con fuerza el pica hielo y es incrustado en el ojo el punzo cortante; Nancy cae al piso, intentando pedir ayuda, pero el dolor y el pánico evitan que su voz aumente, comienza arrastrarse tratando de sobrevivir al extraño Santa Claus.
Nancy siente que no puede moverse, algo se lo impide, observa a su asesino pisándole la espalda.
– No te portaste bien este año Nancy -dice con cierto sarcasmo. Sin poder decir nada más, le clava en el cuello el pica hielo. Nancy muere instantáneamente.

A la mañana siguiente.
Alicia se levanta, ruidos alarmante provenientes del exterior de su casa, la despiertan, su madre entra a su habitación alarmada, Alicia le pregunta sobre el ruido que se está produciendo afuera, su madre le platica que encontraron el cuerpo sin vida de Nancy en la avenida de la colonia.
– Pero ¿cómo va a hacer, qué motivos tendrían para matarla? -pregunta sorprendida Alicia.
– No sé hija, pero la conozco desde que ambas eran pequeñas, es mi vecina y créeme que me duele, nunca supe sobre problemas como para acabar muerta.
– Eso sí que es alarmante madre, tan pronto en Navidad.
– Qué regalo navideño más aterrador.
Después de un par de horas, Alicia sale para enterarse de lo sucedido, la casa de Nancy se encuentra a dos casas de la de ella. Habían sido vecinas por más de dieciocho años. Alicia camina hasta la escena de crimen, donde varios policías prohíben el paso. Entre empujones y gente corriendo, Alicia logra ver el saco que utilizaba el anciano disfrazado de Santa Claus.
En las noticias, de la televisión local, informan que al parecer el anciano la había asesinado, pues según indican muchos de los vecinos de la zona, aquel hombre se había estado comportando muy grotescamente y seguro ebrio había asesinado a la joven, suponen que huyó pues solo encontraron el saco perteneciente a su disfraz.
Alicia recibe la visita de su vecino Robbie, quien se encuentra lloroso y triste, Robbie le confiesa a la chica que había estado muy enamorado de Nancy, pero ella siempre lo rechazó. Alicia lo consuela para que no se deprima. Minutos más tarde, su hermana Rilia va por él.
– Rob tenemos que irnos, papá te esta buscando para que lo ayudes. -dice Rilia.
– Si ahí voy, ya me tengo que ir Alicia, pero Feliz Navidad, por si no vengo a felicitarte en la noche.
– Igualmente Robbie, me felicitas a tus papás.
– Pues ya me tengo que ir también, nos vemos Ali -dice Rilia.
– Espérate Rilia, tengo que preguntarte algo. -Deteniéndola del brazo- Dime una cosa…
– ¿Qué pasa?
– ¿Estás contenta por la muerte de Nancy?.
– Pero qué cosas dices Alicia… ¿cómo me voy alegrar por la muerte de alguien?.
– Tú sabes por qué lo pregunto, yo misma no negaré que sentí un alivio cuando me enteré.
– Pues sí… esa perra se lo merecía, sólo vivía para pisotear a las personas y más a mi hermanito.
– ¿No tuviste nada que ver verdad Rilia?.
– ¿Estás loca?… soy mala pero no asesina, además estaba con Steve toda la noche…
– ¿Quién dijo que Nancy murió en la noche, Rilia?
– Nadie… sabes… ya me voy porque mi abuela nos espera en su casa.
– Sí… no querrás que sepan que aún te juntas conmigo.
– Tú sabes que todo sería normal si no hubiese sido por la estúpida de Nancy.
– Feliz Navidad Rilia… por cierto, te quedarás para el interrogatorio al vecindario… ¿verdad?
– Sí lo sé… ¡¡¡adiós!!!.
Alicia se queda de pie por un par de minutos, recordando algunas escenas de su pasado, que nadie más que Rilia sabe, y nadie quiere recordar, regresa al mundo real y cierra la puerta mientras lanza un suspiro profundo.
Rilia camina hacia su casa, quizás teniendo los mismos recuerdos que Alicia, de pronto, escucha unos pasos tras ella, antes de que observe hacia atrás, le son tapados sus ojos con demasiada fuerza, minutos después logra soltarse, el sentimiento de susto que sentía se fue desvaneciendo al ver de quien se trataba. Era Steve, su novio.
– ¡¡¡Eres un idiota!!!… me asustaste demasiado -Dice algo ofuscada.
– Discúlpame amor…
– Qué bueno que viniste, ¿no sabes lo que está ocurriendo?.
– No, ¿por qué… todo salió bien?
– Ven, para que te platique, antes de que parte a casa de mi abuela.
– Ok.
Robbie comienza a meter un par de maletas a la camioneta de su padre, una de ellas cae y con el golpe se abre, de inmediato comienza a recoger las cosas, al parecer, son pertenencias de su hermana. Una de ellas había un sobre de fotos, le llama la atención una en donde está ella con Alicia y Nancy. Tal parece que es la navidad pasada. Pero él no recuerda que ellas tres se hubiesen llevado. Casualmente le da la vuelta a la fotografía y nota una dedicatoria. Esta dice unas palabras escritas especialmente por Nancy, quien amenaza con dar por terminada su amistad pues no ya se juntaba con zorras. Escucha las voces venir de su hermana, de inmediato guarda las fotografías en su bolsillo y termina de empacar las maletas.
Sin que nadie lo vea salir, se dirige a la casa de Alicia con demasiada prisa. Al llegar la madre de la chica lo deja subir, pues Alicia se encuentra bañándose y lo deja en su recámara para que la espere.
Minutos más tarde, Alicia sale, se sorprende al ver al chico sentado en su cama, lo observa por un momento para después sentarse frente a su tocador, a peinarse, desde el espejo lo observa.
– ¿Qué pasa Rob?… ¿por qué ese rostro? -Dice confusa Alicia.
– Nada… simplemente varias dudas comenzaron a darme vueltas en la cabeza…
– ¿Y yo qué tengo que ver con tus dudas?
– Que estas dudas te incluyen a ti…
– Bueno Robbie, déjate de tantas tonterías y date prisa por que tengo que alistarme para la cena de Navidad. -Dice algo enojada la joven.
– Bien… dime Ali… ¿sostienes alguna relación con mi hermana?
– Ouh… si te refieres a la sexual… -es interrumpida.
– ¡¡No!!… simple relación amistosa.
– No… menos, para nada… por… ¿por qué me lo preguntas?.
– Pues… – saca la fotografía y se la muestra a cierta distancia – …esta foto, me dice todo lo contrario.
– Ah…- se queda callada por un momento, observando la fotografía tratando de darle una excusa distinta al chico. – pues… ¿de dónde sacaste esa foto Rob?
– Ese no es el punto Alicia… si no te llevas con mi hermana, entonces esto es un fotomontaje bien logrado porque… – lo interrumpe la chica.
– ¡¡Sí, sí!!!… éramos amigas, pero desde el año pasado lo dejamos de ser.
– Ah… ¿se puede saber por qué? -Pregunta curioso el joven.
– Eres un chico muy entrometido Robbie… pero no, no te lo diré, mejor pregúntale a Rilia, a ver si ella misma te contesta esa pregunta.
– Pues lo veremos… gracias por la información Alicia y… de nuevo, Feliz Navidad. -Saliendo de la habitación.
– Adiós Robbie.
Robbie regresa a su casa y se encierra en su cuarto, su padre había salido al trabajo por un momento, por lo que su salida a casa de la abuela tendría que retrasarse.
Escucha que tocan el timbre desenfrenadamente de su casa, se levanta para cerciorarse por la ventana, se trata de Steve, su hermana de inmediato abre la puerta y salen a platicar en la banqueta. Desde ese ángulo Robbie logra observar bien a Steve que se encuentra lloroso, Rilia trata de calmarlo, pero él se delata miedoso; Robbie no deja de observar confuso y completamente extrañado. Sorpresivamente, Steve empuja a Rilia, esta le contesta con una fuerte cachetada, que lo hace tambalear; minutos mas tarde, Steve se marcha corriendo, hacia la casa de Alicia, donde no tarda mucho.
Sin darse cuenta, Robbie es observado desde el marco de la puerta, entonces, siente una presencia cerca de él.
– ¿Qué estás observado hermanito? – pregunta Rilia.
– ¿Rilia!!?… me asustaste… ¿qué pasa?.
– Te pregunté qué estabas observando.
– Ah, es que el timbre me despertó, iba a insultar a la persona, pero ví que era tu novio, así que ya no le dije nada.
– Ah bueno… pensé que me espiabas.
– ¿Habría motivo para hacerlo? – pregunta Robbie.
– No lo creo.
Se da la media vuelta y se marcha, algo seria. De inmediato Robbie cierra la puerta de su recámara con seguro y se acuesta en su cama, a observar la fotografía, que no deja de ser tan misteriosa como extraña.
Pasa un tiempo, en todo la casa hay silencio, el timbre del teléfono de nuevo vuelve a despertar a Robbie. Alza el auricular, pero su hermana ya había contestado, algo lo retiene a colgar el teléfono.
El que esta en la línea es Steve, la conversación le llama la atención.
– Ya no soporta esta presión, Rilia, nunca debí de haberte hecho caso…
– Cállate, deja de llamarme por favor, esto se está desbordando, hasta mi hermanito me anda acosando, solo falta que… ¿escuchaste eso?…
– Una respiración… una tercera respiración!!!…
– Cuelga el teléfono!!!.
Robbie escucha los pasos venir de su hermana, de inmediato se acuesta en su cama y se hace al dormido. Rilia abre la puerta salvajemente, pero observa a su hermanito durmiendo, no dice nada y se marcha de su habitación, cerrando la puerta.
Steve sale de su casa, apenas colgó el teléfono, corre hacia su automóvil, lo enciende y arranca a toda velocidad, su madre sale asustada y le grita desde la puerta, pero ya se encontraba lejos, la mujer desde la puerta trata de imaginar lo que tanto mortificación a causado a su hijo, como para que saliera de esa manera.
Steve se encuentra muy nervioso y alterado, se encuentra lloroso, su celular comienza a sonar, mientras conduce lo observa, pero no se decide a contestar.
El timbre deja de sonar; se toca el cabello con la mano, tratando de pensar en una solución, su cabeza le da vueltas. Se cruza un alto, y casi pasa atropellar a un anciano vestido de Santa Claus.
De nuevo comienza a timbrar el celular, esta vez decide contestar, se trata de Rilia, quien trata de calmarlo, le explica que su madre acaba de llamar y está preocupada por su estado.
– Ya no aguanto esta tensión Rilia!!! – grita demasiado alterado. – siento que me voy a morir por el remordimiento!!!.
– ¿Donde estás?… ¿estás conduciendo?… por donde andas Steve..
– Todas las imágenes me dan vuelta en la cabeza… nunca debí de haberte hecho caso!!! Nunca!!!.
– Cállate y escúchame…
– Oh no carajo!!!…
– Steve??… qué sucede?
– Son los malditos frenos… Nooo…
– Amor!!!… ¿te encuentras bien?- se escucha un ruido demasiado fuerte – Steve!!!!… ¿qué es ese ruido?… Steve!!!! – grita aterrada Rilia.
Rilia se queda de pie, esperando escuchar de nuevo la voz de su novio. Se cubre la boca, tratando de ocultar su pánico, se ahoga un grito.
Entonces…se escucha un fuerte estallido.
Cuelga el teléfono, se seca la lágrima que recorría por su rostro, desde las escaleras de la casa, es observada por Robbie. Rilia, toma su abrigo y sale corriendo de su casa, Robbie comienza a observarla desde el ventanal de su sala.
Son más de las diez de la noche.
Rilia entra sorpresivamente a la casa de Alicia. Entonces Robbie sube al cuarto de su hermana, coloca el seguro y enciende las luces. Comienza a revisar todos los cajones. No se sabe exactamente lo que busca el chico, pero lo tiene demasiado tenso.
Mientras tanto en el cuarto de Alicia.
– Steve… murió, y es por nuestra culpa Alicia…
– No Rilia, tú lo involucraste, no yo… ¿recuerdas?
– No es momento para ponernos a recordar como sucedieron las cosas exactamente…
– Es mejor momento para… – se detiene, observa afuera de su ventana. Su cuarto colinda con la de Rilia, observa a Robbie revolviendo las cosas de su hermana. – ¿Ya viste a tu hermanito?…
– ¿Pero qué…? – se levanta, se coloca junto a la ventana para observarlo, de pronto, Robbie observa a su hermana que lo mira con el seño fruncido. De inmediato sale corriendo del cuarto –  Estúpido! ¿qué busca?… No!!!… El no nos hundirá… Vamos a seguirlo en… tu carro.
– Pero… la cena…
– Es más importante esto Alicia.
Ambas salen corriendo de la casa, y se introducen en la unidad móvil.
Robbie comienza a observar el auto de su hermana desde el espejo retrovisor, el otro auto comienza a alcanzarlo demasiado, el auto golpea al del chico, pero el que pierde el equilibrio, es el de ellas. Desde su espejo Robbie observa a su hermana y su vecina, dar vueltas sobre la carretera y chocar con un árbol.
De inmediato frena el chico el auto, se baja para cerciorarse del estado de ambas. Se acerca con las fotografías en la mano. Camina hasta llegar al auto, al llegar junto a él, observa solo a Alicia recostada en el asiento con los ojos cerrados. Robbie la observa sin darse cuenta que alguien se para justo tras él. Sorpresivamente Alicia abre los ojos, al tiempo que lanza un brinco de susto el chico.
– Feliz Navidad Rob – dice Alicia.
– Alicia, casi me matas del susto…
– No, de eso nos aseguraremos hermanito… – dice Rilia parada justo tras el chico con una rama de árbol, pegándole fuertemente en la cabeza. – idiota.
El chico cae al piso, Alicia sale del auto y toma las fotografías, se cerciora que contenga la que le había mostrado en su casa. Efectivamente sí son esas, las coloca en el bolsillo de su chamarra, entre ellas dos, alzan el cuerpo de su hermanito, y lo llevan hasta el automóvil de Robbie, abren la cajuela.
Pero justo cuando están a punto de echarlo, él despierta. Antes que escape, lo amarran con una soga y lo sientan en la parte de atrás, de nuevo se suben al auto y se alejan del otro auto. Robbie las observa molesto, esperando que le den una explicación.
– Hay por favor no me veas de esa manera Robbie – dice sarcástica Rilia.
– Qué esperas que te demos alguna explicación?… pues muy bien.
– Las estoy esperando…
– Ay niño… eres muy ingenuo, todo lo hicimos para salvarte de las garras de esa arpía…
– Se refieren a Nancy?
– Sí esa misma hermanito… esa a parte de despreciarte centenares de veces, pensaba jugar con tus sentimientos y engañarte después.
– Y esperan que les crea… por favor?… ese el motivo externo, pero estoy casi seguro que hay algo más… que también involucra a mi cuñado… Steve.
– No juegues con eso?… él está muerto ahora!!!.
– ¿Como estás segura de eso hermanita?
– Pues por… – hacen un alto, en una calle algo deshabitada delante de ellas hay otro móvil – porque lo escuche por el teléfono…
– Eso es verdad…
El semáforo cambia de luz, pero el auto que esta delante de ellas, apaga su motor, Rilia se enfada y comienza a tocarle el claxon. Espera un momento para saber si reacciona, pero nada, de nuevo vuelve a tocarle el claxon y es cuando se abre la puerta del conductor. Ambas chicas observan; saca primero los pies, son unas botas negras, después el cuerpo y por último la cabeza que está cubierta por un gorrito de santa Claus. Las chicas se exaltan. Pues baja con un palo de golf.
– Les dije que ese Santa Claus tenía que ver con la muerte de Nancy. – dice
Robbie.
– Cállate idiota!! – dice Rilia.
Las chicas tienen algo de miedo, sus rostros delatan el pánico que están sintiendo.
El Santa Claus camina hacia ellas, en el momento en el que Rilia intenta salir del auto, este rompe el parabrisas con el palo, ambas gritan de susto.
Abre la puerta y saca de los cabellos a Rilia, ella cae al piso aterrada, abre la puerta de atrás y saca al chico amarrado. Después de desamarrarlo, se quita el gorro de Santa, delatando su rostro. Ambas chicas se sorprenden al ver de quien se trata.
– Te lo dije hermanita… nunca asegures sin saber – dice riéndose Robbie.
– Te sorprende verme “amorcito”? – dice Steve.
– Pero yo te escuché, como chocabas.
– Pero no viste lo que ocurrió, eso es muy diferente.
Alicia se baja y ayuda a levantar a Rilia, ambas se encuentran desconcertadas. No entienden absolutamente nada de lo que esta ocurriendo.
– ¿Sorprendida?… nunca juegues con fuego preciosa.
– Pero ¿cómo te salvaste?… yo misma…
– Sí, tú misma desconectaste los frenos del auto, mi madre te vio salir del garaje. Además Robbie me previno.
– Pero el ruido?… como?
– Es que sí me estrellé, solo que logré salirme antes del impacto, caí entre los pastizales. Deje en el interior mi celular y tu si lograste escuchar el impacto.
– Que hábil.
– No Rilia, tú eres mas hábil que yo. Planear todo esto… pero estoy seguro que no lo planeaste sola, ¿verdad Alicia?.
– A mí ni me mires… yo no tenía problema contigo. Es tu noviecita, que no soportaba a un chico tan gallina como tu.
– Bueno eso lo arreglan después – dice Robbie tratando de equilibrar la situación – alguien me va a decir… dímelo tu mismo Steve.
– Ok… yo te lo diré… soy el único arrepentido… pues una noche antes de la muerte de Nancy…
Los tres observan a Steve quien comienza a confesar su más terrible secreto.
Alicia comienza a caminar lentamente, tratando de no ser vista.
– …entonces, ellas me haaaa….
un golpe fuerte se escucha resonar, se trata de Alicia, quien golpea fuerte el palo de golf contra la cabeza de Steve.
– No permitiré que tu novio nos hunda – dice algo alterada Alicia.
– Pero qué has hecho estúpida… ya mataste al único que puede decirme lo que pasa aquí – dice enojado Robbie.
– Si no dejas de sofocarnos, también a ti te sucederá lo mismo.
– No amenaces a mi hermanito estúpida.
– Estoy tratando de salvar nuestro pellejo… no seas inepta.
– Lo siento hermanita, pero tú tienes que salvarte de esto… – dándole un golpe en el rostro, Rilia cae inconsciente al piso – Tú me dirás lo que pasa, y ni se te ocurra tocarme porque te va peor.
– Lo tenías planeado todo verdad Rob?… por qué?… solo por saber quien mató a la zorra de tu amor platónico.
– Mejor dime la verdad…
– La verdad es que no podrás salvar a tu hermanita, de hecho esta más involucrada que yo…- la puerta del auto se abre sorpresivamente. – haaaa.
Cae al piso y se golpea severamente la cabeza, tras la puerta se levanta Steve. Con sangre corriendo de su cabeza.
– Llevémoslas a la policía antes de que se despierten!!
– Estás seguro que quieres hacer esto Steve… tú también estás involucrado, hasta donde sé.
– Ya no puedo con este remordimiento, sé que será lo mejor.
– Es tu decisión, por que te dejaría escapar…
– No, no es lo correcto.
Steve acelera el auto, dirigiéndose a la policía.
Estando en tan grave situación, ambas decidieron confesar toda la verdad.
Era las 11 de la noche del 24 de diciembre y ellos vivían su peor Navidad.
“esto es según las confesiones de ambas son la colaboración de Steve:”
Nancy, Rilia y Alicia, eran amigas desde la secundaria. En primero de preparatoria acaba su amistad, por la culpa de Nancy quien las difama de haber pasado a secundaria, pues se habían acostado con el director y varios maestros, nadie sabe sus motivos.
A partir de esa declaración, ambas chicas se hicieron más amigas y trataron de vengarse de la chica, pero ellas siempre se las arreglaba para ganar.
Cuando pasan a segundo semestre, Rilia conoce a Steve y se hacen novios. Nancy descubre el noviazgo y difama que Rilia compartía a su novio con su mejor amiga. A partir de ese chisme Alicia y Rilia, por el bien de su reputación, sacrifican su amistad y se separan por completo.
La gota que derramó el vaso, fue cuando pasaron a tercer semestre y Robbie entra a la preparatoria, se enamora perdidamente de Nancy, esta a sabiendas de que es el hermanito de su enemiga, lo rechaza, pero no conforme lo comienza a humillar.
Rilia se le ocurre un plan macabro para detener definitivamente a Nancy, le platica a Alicia el plan, ella al principio lo rechaza, pero la convence, haciéndole entender que no perderían nada.
El plan consistía en terminar por completo a Nancy, decidiendo asustarla con un atentado sumamente fuerte. El plan incluía a Steve, para que sea el que la asuste con un pica hielo, él se niega por completo, por lo que entre ellas lo drogan para que inconsciente de sus actos, realizara el plan de las chicas. Sin sospechar de las consecuencias, sacan a Steve para que concluyera con el plan. Nunca pensaron que el desprecio que tendría Steve contra Nancy se propiciara más de la cuenta.
Steve mata primero al anciano, toma su vestimenta y comienza a perseguir a Nancy, cuando la tuvo entre sus manos, el efecto le toco por completo el cerebro y sin compasión alguna apuñaló con el pica hielo a la chica. El plan se había desbordado por completo.
Las chicas se enteraron de la verdad hasta el día siguiente. Se asustaron, pero más Steve, cuando volvió en sí, descubrió lo que había hecho y el remordimiento comenzaba a hundir el plan.
Rilia decide eliminar a su talón de Aquiles, desconectando los frenos del auto, él la descubre al igual que Robbie, descubre ciertos secretos del pasado de su hermana, cuando da por hecho que su hermana esta más que involucrada, decide salvarla, golpeándola para culpar solamente a Alicia, pero era más que imposible”.
Las chicas y el joven, pasaran una buena parte de su vidas tras las rejas, pues a pesar de que Steve halla sido el que mató a la chica. Ellas eran las que planificaron la idea, y mucho más Rilia.
Robbie, se siente mal, por su hermana, pero era demasiado tarde para salvarla. Sus padres lo lamentan mucho por ella, pero más por los padres de la chica, quien difícilmente pueden ver a los de Rilia al igual que a la madre de Alicia, quien está desbastada por ser su única hija.
FIN

Por:Víctor Ramírez Santamaría

Bajo La Escalera

La facultad está compuesta por una serie de naves industriales, seis en total, unidas en la planta baja por un largo pasillo que surca los patios interiores y los atraviesa en línea recta, estableciendo un corte ininterrumpido y perfecto en medio de su arquitectura. De éste, a su vez, se desprende una red de intrincados corredores y salas interconectadas. Como toda construcción antigua y de peso histórico (sumándole el ser ocupada a diario por jóvenes influenciados por películas, alcohol y drogas), alberga un sin fin de mitos, historias y rumores.

Esa noche nos quedamos estudiando hasta tarde en el vestíbulo junto a la biblioteca, varios ya se habían ido y sólo quedábamos Daniel, Martín y yo. Una de las últimas historias que le habíamos escuchado a Aidan (un irlandés de último año de carrera, medio loco por el consumo indiscriminado de LSD, ávido contador de historias curiosas) era que durante la noche se oían ruidos extraños provenientes del subterráneo, como si algún animal correteara bajo las coladeras de los patios, e incluso a veces golpeteara la pequeña y maciza puerta ubicada bajo la escalera de piedra que conectaba la segunda edificación con la tercera. Se me ocurrió mencionarla como por casualidad, esperando que eso rompiera un poco con mi aburrimiento y el ambiente de tedio general.

—¿Eso no solía ser el antiguo laboratorio? Hasta yo sé que lo cerraron porque el bioterio se les salió de control y alguien acusó a los profesores de estar haciendo investigaciones cada vez más inusuales. Las ratas deben estar colándose para hacer sus nidos allí ahora —intervino Martín, sin siquiera despegar la vista de las fotocopias sobre la mesa.

—¡Verdad que estaba el bioterio! Si apenas hace un par de años antes de entrar aquí habilitaron un laboratorio nuevo, debe haber sido tétrico el estar bajo tierra con todo eso —se unió Daniel, bastante más interesado.

El diálogo siguió así un buen rato, intenté hacer lo mejor posible para que no se disolviera y poder convencerlos de investigar un poco más. Martín sugirió darnos un descanso para ir al baño y comprar unos cafés. No podía perderme tamaña oportunidad.

Al salir del vestíbulo, agarré a Daniel del brazo y lo arrastré hacia un costado de la puerta. Sabiendo que es bastante influenciable, puse mi mejor sonrisa, y le dije, «Tú me vas a ayudar». No es difícil darse cuenta de que se inquietó de inmediato, a medida que lo llevaba a la fuerza a las escaleras de piedra intentaba decirme que estaba loca, que fuéramos otro día, con Aidan por último, que conocía mejor los recovecos de toda la facultad y sabría mejor qué hacer. Finalmente se quedó en silencio detrás de mí mientras yo examinaba la cerradura de la puerta que conducía al subterráneo. Parecía algo oxidada y deteriorada por el tiempo y el uso, y la madera circundante estaba astillada, como si alguien hubiese intentado someterla.

Me saqué una horquilla del pelo y la introduje, moviéndola ligeramente. Obviamente no podía ser tan fácil y se atascó, tuve que sacarla a tirones, pero probé nuevamente hasta hartarme. Después metí una tarjeta como hacen en las películas entre la puerta y el marco, hasta que sentí un ligero roce con el cerrojo y decidí forzarlo un poco más. Daniel miraba.

—¿Y no piensas ayudarme? ¡Ven y abramos la puerta! —le grité. Empujamos un poco y pareció ceder sorprendentemente, un poco más de fuerza y de un golpazo logramos abrirla del todo. Se deslizó chirriante, dejando salir una vaharada de aire pesado y algo maloliente, y a esas horas no era posible saber si en algún momento la luz se colaba por las rendijas. Casi por instinto, busqué un interruptor a los lados, y al accionarlo se encendió un pequeño bombillo suspendido en una esquina apenas por un par de alambres. Frente a nosotros, una escalera de fierro de peldaños individuales y una única baranda con la pintura desgastada. La estancia era un rectángulo de paredes desconchadas, que terminaba al lado derecho de las escaleras con algunos casilleros. La explicación de por qué nos costó tan poco abrir la puerta yacía justo en ese rincón, donde el polvo parecía haber sido removido a diferencia del resto del lugar, y habían algunas latas de cerveza aplastadas, colillas de cigarrillos y lo que quedaba de unos pitillos de marihuana. Claro, cómo iba a ser de otra manera.

Bajamos. En el otro extremo del espacio, a la izquierda del final de la escalera, se encontraba una puerta semicerrada con una placa que rezaba «Laboratorios. Precaución: Materiales reactivos. Asegúrese de tener la protección adecuada y el manejo de instrumental necesario».

—¿En serio están haciendo esto? Ali, tenemos que estudiar —resonó la voz de Martín en el pequeño espacio, desde lo alto de la escalera. Dejé escapar una exclamación de sorpresa mientras Daniel daba un saltito hacia atrás. Algo pareció sonar desde el otro lado de la puerta, probablemente una rata escabulléndose por algún estante olvidado.

—¡Es ahora o nunca, Martín! —exclamé casi en un susurro.

Cargué mi peso contra la puerta bruscamente una, dos y tres veces, hasta que noté que algo la trancaba en su posición. Forcejeé hasta que de un empujón Daniel la abrió. Del otro lado casi no se podía ver nada, y el olor era terrible, una mezcla entre húmedo, encerrado y quizás lo que quedó impregnado de la existencia de animales; pero a pesar de eso encendí el flash del teléfono móvil y entré, confiando en que Martín y Daniel me seguirían de cerca.

El corredor continuaba hacia la derecha, dando un rodeo en forma de L, y de la parte alta de la pared sobresalían unas placas de metal pintado junto a la puerta indicando los laboratorios. «Lab3» estaba entreabierta, con el cerrojo notablemente vencido. Entré, algunos taburetes habían sido volcados y había instrumental desparramado por todas partes, los restos de vidrios crujían bajo mis pasos. Aparte del desorden y algunos papeles viejos con apuntes, no encontré nada más.

Creí escuchar algo al final del pasillo, así que fui directo hacia allá. En la placa, esta vez se leía «Biot2». Giré el pomo polvoriento y la puerta se abrió casi sin tener que moverla; en el interior el mismo desorden, pero un olor pútrido como a desechos orgánicos parecía haberse impregnado en las paredes, y la rejilla que daba al exterior apenas hubiera podido ayudar en su momento. Contra la pared, baterías de jaulas y algunas más pequeñas en unos estantes, algunas gradillas todavía mantenían sustancias en su interior sobre una de las mesas. Algo parecía haber desordenado todo recientemente.

Avancé hacia el otro extremo del salón, pateando sin querer un tubo de ensayo que rodó ruidosamente bajo alguna mesa fuera de mi alcance visual, cosa suficiente para ponerme un poco nerviosa. Decidí seguir adelante, en el otro extremo del salón había una puerta que daba a un espacio con varias camillas de metal separadas por cortinas de PVC. Habían unos bultos que parecían ser excremento, pero más grandes que los de una rata, mucho más. Algo parecido a latas de alimento y contenedores de poliestireno rotos estaban regados por el piso, y conforme avanzaba aparecían retazos de tela y mechones de cabello enredados en varios objetos.

Avanzando hasta el fondo, creí ver un bulto cubierto de telas sucias bajo una camilla. Conforme me acercaba, noté que éste temblaba levemente y respiraba de forma agitada. Tenía la piel carente de toda pigmentación y llena de cicatrices y llagas, y se le marcaban las vértebras y algunos otros huesos. No pude seguir avanzando.

Me di cuenta de que había estado pisando algo parecido a trapos sucios, ensangrentados, y lo que parecían ser compresas usadas recientemente, algunas arrugadas con envoltorios plásticos. No era sólo olor a excrementos y orina, era olor a un ser vivo, sangrante y sucio.

La criatura intentó arrastrarse hacia otro rincón más oscuro, pero parecía cargar algo que se lo dificultaba, entonces se quedó ahí, alzando una diminuta cabeza de la que apenas colgaban unos mechones de pelo largo y muerto. Me miraba directamente con grandes ojos redondos hundidos en sus cuencas, la nariz apenas era un tabique y un par de agujeros, que junto a la delgadez de su rostro y labios retraídos, recordaba el aspecto de los enfermos de porfiria. No fue hasta que intentó desplazarse de nuevo, que se desplomó y pude ver que era un ser pequeño, visiblemente desnutrido y que sí se trataba de un humano. Pero quizás eso no fue lo que más me impresionó. Dejó escapar un chillido agudo e infantil, y mientras alcanzaba un bulto más pequeño y enrollado en una manta que había dejado caer al suelo, descubrió parte de él y vi algo que definitivamente no era humano, sino una especie de cara deforme y llena de un pelillo fino y oscuro, y de varios lugares de su cuerpo salían catéteres que alguna vez debieron haber estado conectados a algo más, junto a una serie de cicatrices. Éste comenzó a quejarse, no era un llanto, sino un quejido débil que no era ni tan humano ni tan animal, en tanto que lo que supongo que era su madre intentaba protegerlo con sus esqueléticos brazos sin dejar de mirarme.

Sentí un horror indescriptible. Quise retroceder pero mis pies no me hacían caso. Esa criatura, carente de todo contacto humano por quién sabe cuánto tiempo, reaccionó rápidamente y comenzó a lanzarme lo que encontrara por el suelo mientras chillaba e intentaba esconderse; el bulto peludo se retorcía y quejaba envuelto por uno de sus brazos. Pensé que en cualquier momento volcaría una camillapara aventármela o refugiarse detrás.

—¡No! —fue lo único que se me ocurrió gritar mientras recibía asquerosos proyectiles e intentaba cubrirme con las manos.

Afortunadamente, Martín me había seguido de cerca. Sentí cómo me agarró desde la espalda y me sacó de la estancia. La criatura seguía chillando, lo que ahora parecía más un llanto, y Daniel estaba inmóvil del otro lado de la puerta. Uno de nosotros la cerró al salir, no recuerdo quién, aunque yo estaba segura de que la horrible criatura no saldría de su rincón. Es imposible saber si ella o yo estaba más asustada. Sentí algo similar a la lástima.

Pude ver que dentro de todo el desorden habían unos cuadernos de notas, lápices y jeringas en buen estado. Me dio asco y un escalofrío recorrió mi espalda. Martín nos arrastró a los dos rápidamente fuera del pasillo, obligándonos a subir las escaleras corriendo y cerrando la puerta del subterráneo tras de sí.

—¿¡Pero qué mierda acaba de pasar allá abajo!? —exclamó mientras se desplomaba sobre uno de los sillones del vestíbulo, pasándose las manos por la cara—. ¿Alguien puede responderme? ¿Era eso lo que estabas buscando, Ali? ¡Mírate, no puedes negar que algo ha pasado allí abajo!

Era innegable. Yo lo observaba cubierta de desechos pestilentes, Daniel se miraba las manos. No podíamos explicarlo, no había cómo. Ni siquiera nos incumbía meternos ahí.

Decidí tomar mis cosas, le pregunté a Martín si podía acompañarme camino a casa. Al llegar me di una ducha e hice lo que pude por dormir. ¿Qué clase de horrores se llevaron a cabo en esos laboratorios sin el conocimiento de nadie? ¿Cómo explicar racionalmente lo que había allí abajo?

Semanas después, andábamos por el gran pasillo cruzando el patio, cuando de repente el profesor Rotts (genetista de renombre y autor de un sinfín de documentos relacionados con la investigación genética humana y avances en experimentación animal) pareció entrar con una bandeja de comida y algunas botellas de agua por la puerta bajo la escalera de piedra. Algunos dicen haberlo visto observando las rejillas que dan al subterráneo, y a veces hasta limpiando los residuos atrapados entre éstas

Dominic

 

Valentín era un niño, muy callado y cariñoso. Era pequeño, tenia tez blanca, algunas pecas y un pequeño lunar –casi imperceptible- al lado izquierdo de la boca. Sus padres – que lo amaban mucho- vivían con él en una pequeña casita. Un día recibieron el llamado de un abogado que los citó a todos a su oficina, una vez estando ahí la familia les dijo: La señora Florencia Silva -bis abuela de la madre de Valentín- les ha dejado su único bien a ustedes… Ella les ha dejado su casa. La familia se puso muy contenta, pues ellos eran muy humildes, y una casa nueva no les vendría nada mal.

La casa nueva de la familia de Valentín era hermosa… Era sumamente espaciosa, tenía un aire rústico, pero ligeramente moderno. Tenía un patio inmenso, un jardín maravilloso, lleno de la más espectacular gama y clases distintas de flores…

La familia no tardo nada en mudarse… Llevaron todas sus pertenencias a su nueva casa.
La única cosa mala de aquella casa, era que estaba muy sola… No había más casas alrededor, y era una lástima… sobre todo para el pequeño Valentín…
El pobre se la pasaba todo el día en el patio, jugando cerca del pozo que había allí. Hasta que un día, comenzó a hablar solo… La madre que pasaba muy ocupada, no le dio importancia a eso, pues Valentín era pequeño, y era normal que tuviese amigos imaginarios. El padre de Valentín, era un granjero, y pasaba muy cansado, así que casi no sabía nada acerca de su hijo.

Valentín cada vez jugaba más cerca del pozo, su mamá, se empezó a alarmar, pues, reiteradas veces, tuvo que regañar a su hijo, pues este se subía al pozo y ella lo tenía que bajar de ahí, pues era muy peligroso. Hasta que un día, la madre le pregunta a Valentín:
– Oye hijo… ¿con quién juegas tanto…?
– Con una amiga, dijo el niño… Se llama Dominic.
– oh… ya veo… Y… ¿Cómo es ella? Pregunto la mamá.
– Es rubia, su cabello es largo, tiene los ojos azules, la piel muy blanca y los labios morados…
– Oh… ya veo… m… Y… ¿donde vive ella…?
– No lo sé… dijo el niño. Pero dijo que en unos pocos días más íbamos a ir a jugar a su casa, respondió Valentín.

La madre quedó conforme con estas respuestas, pues pensó que su hijo tenía mucha imaginación para inventar una amiga imaginaria con esas características. Pero un día paso algo que enloqueció y cambio para siempre las vidas de los padres de Valentín…

Cierto sábado, el niño le dijo a su madre: Mama! Dominic me invitó a jugar en donde vive ella ahora… me dejas ir…?
Claro, respondió la madre… ve con tu amiguita.
Pasados unos minutos la madre se puso a pensar en la amiga imaginaria de su hijo… recordó lo de los labios morados y un pensamiento horroroso invadió su mente. Fue a buscar a su hijo al patio… Pero ya era tarde… El niño se había ahogado en el pozo. Cuando la policía trato de sacar el cuerpo del niño del pozo, no pudieron… algo lo sostenía… Luego de tirar con más fuerza lograron sacar el cuerpo, pero agarrado de la mano del niño, había un cuerpo pequeño, en estado de putrefacción que estaba agarrado fuertemente… A ese cuerpo, aún le quedaban mechones rubios de cabello…
Después que la policía hiciera el peritaje y llevaran el cuerpo extraño al forense, descubrieron que el cuerpo yacía ahí desde hace unos 20 años, perteneció a una niña pequeña, rubia, blanca y de ojos azules, que murió ahogada en ese mismo pozo…

Cuando compré esta casa, el vendedor me contó esa historia… Me dijo que tuviera cuidado con el pozo, pues decían que el alma de Dominic andaba rondándolo en busca de más amiguitos… La verdad es que no creo mucho en esas cosas, por ejemplo, ayer mi hijita invento una amiga imaginaria, con la que juega cerca del pozo… No debiera preocuparme…

¿O si…?

Por: onchis

TRÁGICA HISTORIA DE MORI HIKIKO (Leyenda)

Mori Hikiko era una joven-cita de alguna parte de Japón cuyos padres la hacían víctima de maltrato infantil,razón por la que concurría a las clases con señales de golpes en su rostro y cuerpo.
Sus compañeros, lejos de solidarizarse con ella,la despreciaban y la hacían objeto de sus burlas.Sus maestros,en lugar de ocuparse de ese grave problema,fingían no notar nada extraño.Llama la atención,que en una sociedad con estándares de cumplimiento y corrección sociales cómo el Japón haya sucedido un hecho de tamaña gravedad,pero según la leyenda,ha sido así.
Mori Hikiko deambulaba entre la escuela y su hogar sin hablar con nadie,sin que nadie se aviniera a hacer amistad con ella,y ante la indiferencia o crueldad de sus padres,quienes descargaban en ella sus frustraciones cotidianas.Si no estaban enfadados con ella,simplemente la ignoraban.
La desgracia comenzó a desatarse una tarde en que encontró un pequeño gato vagabundo en los alrededores de la escuela. Lo adoptó cómo mascota y se sintió muy feliz,luego de tantos y tan largos años de soledad,de tener por fin un compañero.Cómo sabía que sus padres se negarían a dejar entrar un animal en la casa,consiguió una caja para que hiciera las veces de hogar de su mascota y le procuró alimento diariamente.
Para que sus maullidos no alarmaran a sus padres o a sus vecinos,escondió la caja en un lugar apartado,en cercanías de la escuela.Por un tiempo,Mori estuvo contenta con su suerte.
Eso se notaba en su forma de vestir y en su talante,durante las clases.Casi nadie le prestaba atención,por lo que pocos notaron el cambio.
Sin embargo,hubo dos compañeros de clase que se preguntaron que era lo que le sucedía a esa joven,habitualmente tan tímida y retraída que soportaba en silencio las burlas de sus compañeros.Decidieron seguirla una tarde al finalizar las clases.
Cuando,una vez más,Mori se reencontró con su gatito para llevarle alimento y ponerse a jugar,los malvados muchachos planearon de nuevo propinarle un disgusto. Al día siguiente,llevaba su alegría al encuentro con su mascota,cuando advirtió que el gato no estaba en la caja, ni se lo veía u oía por los alrededores. Mori se desesperó. Buscó afanosa mente por todas partes,pero sólo halló una nota que decía que si quería volver a ver a su gatito,debía ir inmediatamente al aparcamiento en dónde los maestros y profesores estacionaban sus automóviles. Mori acudió corriendo. Al llegar, vio a sus dos compañeros escondidos junto al automóvil del maestro de la clase a la que concurrían.En sus manos tenían al gato. Mori rogó que se lo devolvieran,pero por toda respuesta,y sonriendo malignamente,los muchachos ataron al gato a la parte de atrás del automóvil del profesor justo en el momento en el que éste se disponía a subir al vehículo,sin advertir lo que estaba pasando frente a sus narices. Arrancó su automóvil,pero antes de que pudiera ponerlo en marcha,Mori se había aferrado a la cuerda que ataba a su gato.
Fué arrastrada durante varias cuadras antes de que alguien notara que el maestro llevaba una niña colgando de su automóvil. Cuando se detuvo y varios transeúntes se dispusieron a ayudarla,ya era tarde.
El animalito había sobrevivido,pero Mori,en su esfuerzo por salvarlo,había golpeado demasiadas veces contra el pavimento.Estaba muerta. Transcurrieron varios meses.
Un día los dos muchachos que habían atado al gato de Hikiko al automóvil del profesor,y que nunca habían confesado su culpa,faltaron a la clase. Cuando la escuela se comunicó con sus padres,éstos dijeron que habían salido temprano hacia el establecimiento.
Se organizó una búsqueda. Fueron encontrados muertos en el estacionamiento de la escuela,donde habían atado al gato de Mori al automóvil del profesor. Habían sufrido tal golpista que los cadáveres sólo eran reconocibles por el uniforme de la escuela. Ese mismo día,las autoridades hallaron los cuerpos de los padres de Mori en su casa.
Estaban muertos a golpes. Convertida en un muerto viviente,alimentado por la sed de venganza del espíritu de la mujer vengadora,Mori Hikiko protege en el Japón a los niños que son maltratados por sus compañeros o sus familiares,y a los niños que tienen por mascota un gato.
Hay quiénes afirman haberla visto,caminando lentamente,con las señales de golpes y maltratos,y de haber sido arrastrada por un vehículo,por las noches del Japón,VIGILANDO QUE LOS MATONES RECIBAN SU CASTIGO.

Capitulo uno: sofia

 

Debo advertirte que hagas lo que hagas nunca intentes buscar este juego del infierno.

Mi nombre es Damián y siempre me gustaron los juegos de horror pero ninguno me atemorizaba lo suficiente pasaba gran parte de mi tiempo buscado y jugando juegos de este tipo como slender-man, hotel 626, Silent Hill, Dead space, etc.

Mi extraña adicción me llevo a buscar juegos de este tipo en la deep web. No me gustaba entrar por todas las cosas bizarras y raras que se encontraban en este sitio, pero era el sitio ideal para encontrar lo que buscaba. Tras largas horas de buscar en múltiples paginas bastante perturbadoras encontré juegos bastante peculiares, pero ninguno era lo que yo buscaba, luego de unos clics termine en una pagina satánica en la cual publicaban un juego llamado “Evil Creepy”. En la descripción decía que era un juego en el cual se reunían todas las creepypastas y sus respectivos personajes. Sin pensarlo di clic en el enlace para descargarlo pues las creepypastas siempre me avían dado mucho miedo y pensé que este juego seria perfecto. No saben cuanto me arrepiento de descargar ese maldito juego. cuando la descarga empezó vi que tardaría 12 horas y que pesaba 15 gigabytes, pensé que era solo un virus que destruiría mi computadora pero tenia demasiada curiosidad y comencé la descarga. Deje mi computadora prendida me di un baño para después ir a la escuela como de costumbre. Cuando regrese mi pc seguía prendida y vi que la descarga ya estaba por terminar faltaban solo 10 minutos cuando la descarga termino instale el juego apague las luces, subí el volumen de mis bocinas y comencé a jugar.

El juego empezó normalmente apareció directamente el menú con un fondo oscuro y cuatro opciones color azul eléctrico:

“Juego nuevo”

“Cargar”

“Desafíos”

“Diario de muerte”

Algo me decía en mi interior que dejara de jugar (que algo andaba mal) pero lo ignore y me puse a curiosear, di en desafíos pero esta opción estaba vacía y solo avía una foto de una mujer deforme mirándome fijamente, me inquiete un poco pero no me asuste. Acto seguido di en diario de muerte este apartado igual que el anterior estaba vacío y tenia la imagen de una vieja libreta  de fondo. Volví al menú y di en juego nuevo. este me mandaba a la opción de elegir dificultad avía tres de estas.

“Explorador”

“Cazador”

“Presa”

Di en la opción de Cazador y apareció un advertencia que decía “Una ves que entres puedes morir o ir al infierno”.  Pensé que era solo una broma de los programadores y di en aceptar.

El juego comenzaba con un video este mostraba a una familia de 4 integrantes los padres un hijo de unos 17 años y una niña que parecía ser su hermana de unos 12 años, los padres discutían con la pequeña le decían que no podía salir sola y menos a esas horas. Después de una larga discusión la niña se levanto dijo que los odiaba que ellos fueran sus padres y se encerró en un cuarto y su madre empezó a gritar:

-Sofía, Sofía

Una y otra ves .De pronto se escucho un estruendo y el crujir de la madera en el cuarto donde Sofía se encontraba, sus padres y su hermano fueron corriendo pero cuando abrieron la puerta vieron a una horrible criatura humanoide con las cuencas de los ojos vacías, completamente desnuda. Pero lo mas horrible y atemorizante es que tenia una especie de implantes en las manos en forma de cuchillas de almenos 50 cm. en ambos brazos. Los padres de Sofía se quedaron en shock mientras la criatura se mantenía inmóvil incada frente a Sofía el mounstro miraba fijamente a los padres y lentamente empezó a levantar su brazo amenazante Asia el rostro de la niña pero la madre grito le  fuertemente a la criatura que la dejara en paz este lanzo un aullido al aire que casi destruye mis tímpanos después tomo con la boca a Sofía y salió por un ventana los padres vieron como la criatura se perdía entre los arboles asta finalmente desaparecer.

Su hijo les comento que debían ir a buscarla pero ambos enfurecidos le gritaron que no y le dijeron que su hermana ya estaba perdida, el joven siguió insistiendo pero solo se gano un golpe en la cara de parte de su padre que dijo:

-Cállate idiota se ha ido para siempre ahora ve a dormir John

El pobre John llorando se dirigió a otro cuarto  y empezó a sollozar. El juego asta el momento iba muy bien pero no entendía por que no querían ir a buscarla a caso el bosque estaba maldito se me inundo la cabeza con teorías descabelladas y raras. Después de 30 segundos de llorar John dijo que tenia que ir a buscarla el mismo tomo una mochila salió de su cuarto y mientras sus padres lloraban en el cuarto de sofia  tomo una escopeta que reposaba sobre la chimenea y salió rápidamente por la entrada principal se interno en el bosque y saco una linterna de su mochila pero se escucho una vos que le dijo Una ves que entres podrás morir o ir al infierno John grito fuertemente que no le importaba y siguió su camino y aquí comenzaba a jugar. la cámara era de tercera persona tipo dead space y yo controlaba a John. Como objetivo principal aparecía encuentra a Sofía, los gráficos eran muy buenos bastante realistas en realidad se veía como un juego de consola lo cual me emociono pero un desgarrador grito me puso la piel de gallina venia detrás de unos arbustos ilumine el lugar con la linterna y pude apreciar a un hombre correr s detrás de los arboles con un poco de miedo me acerque a esos arboles que ya estaban muertos y solo se veían largas ramas sin hojas, escuche un crujido detrás de mi y entonces lo vi tenia de almenos 3 metros con un traje negro, tenia una especie de patas parecidas a una tarántula en la espalda con las cuales se apoyaba y un rostro completamente liso sin ojos nariz ni boca  solo estaba allí entre los arboles. Intente dispararle con la escopeta pero no tenia municiones de pronto John empezó a gritar y empezó a correr por si solo intentaba escapar de aquella cosa entonces cayo y en ese mismo momento yo sentí como si me hubieran tirado de un segundo piso estaba adolorido y mi nariz sangraba intente poner pausa pero era inútil no se podía, cuando estaba por levantarme John grito “no te vallas no me dejes aquí” en ese instante sentí un miedo que nunca antes avía experimentado no podía moverme, sentía frio y la idea innegable de que alguien estaba detrás de mi observándome cuando logre recuperar el control de mi cuerpo  me voltee y en la ventana estaba esa criatura sin rostro se mantenía inmóvil acerco lo que parecía ser un tentáculo a la ventana y empeso a dibujar algo en el cristal  era una x con un circulo. Casi podía ver una mueca burlona es su cara. Mi cerebro no podía procesar lo que estaba pasando de pronto John volvió  a gritar y dijo ayúdame a levantarme o ambos moriremos sin mas que aser  tome el mouse y empecé a clicear sobre John ise que corriera asta una cascada pero resbalo y cayo seti un fuerte dolor en el pecho y en la cabeza. Rápidamente voltee y esa criatura se avia ido.

John se incorporo en el agua mal pixeleada  y dijo es tu culpa si no hubieras jugado esto no pasaría pero vas a ayudarme a encontrar a mi hermana o me matare y si yo  muero tu también mueres. Me quede en shock y le pregute que como podía terminar con esto, a lo que el respondió “la única forma es encontrando a mi hermana y terminando el juego” después de meditarlo y tratar de razonar con el llegamos al acuerdo de que encontraríamos a su hermana el acepto y me devolvió el control avanzamos unos 50 metros y encontramos una cabaña con luz. John me dijo que era de un guardabosques llamado Víctor, nos  dirigimos Asia la cabaña solo para encontrar el cadáver desfigurado y destripado de el pobre Víctor John empezó a sollozar e intente tranquilizarlo después de un rato exploramos el cadáver de Víctor alguien avía tallado una sonrisa diabólica en su rostro y escrito en las paredes con sangre Víctor ahora duerme y debiste dormir. (esto me traumaría por el resto de mi vida). Entre las cosas de Víctor encontramos un rifle con tan solo un cargador de 6 balas salimos de allí lo mas rápido que pudimos pero antes de salir vimos a lo lejos a un chico con una sudadera blanca adentrarse en el bosque.

Checkpoint—-

 

La Casa Sin Fin (PARTE 2)

Cerré la puerta detrás de mí; cuando cayó en su marco el zumbido desistió. Me volteé en el asombro, y la puerta ya no estaba. Miré a mi alrededor. La habitación era idéntica a la tercera, la misma silla y lámpara, pero con la cantidad justa de sombras esta vez. La única diferencia era la ausencia de una salida.

…….Ya lo dije antes, no he tenido problemas de inestabilidad mental…, pero en ese momento caí en lo que ahora sé era locura. No grité. No emití ningún sonido. Al principio rasgué suavemente. La pared era dura, aunque sabía que la puerta estaba ahí, en alguna parte. Rasgué donde antes se encontraba la perilla. Con ambas manos, jadeante, mis uñas magullándose contra la pared; la puerta estaba ahí, sabía que estaba ahí…

…….¿Te encuentras bien?

…….Salté del suelo y me giré en un movimiento. Me apoyé en la pared detrás de mí y vi qué era lo que me habló, y hasta este día me arrepiento de haber volteado.

…….La pequeña niña llevaba un vestido blanco fino que caía hasta sus tobillos. Tenía una larga melena rubia, piel blanca y ojos azules. Era la cosa más aterradora que había visto, y sé que en mi vida nunca nada será tan inquietante como lo que vi en ella. Mientras le miraba, veía a la niña, pero también algo más: donde estaba parada veía lo que parecía el cuerpo de un hombre cubierto en grueso pelaje, desnudo de pies a cabeza, pero su cabeza no era humana, y los dedos en sus pies pezuñas. No era el Diablo, aunque en ese momento bien podría haberlo sido. Su cabeza tenía la forma de un carnero y el hocico de un lobo. Era repulsivo, y era uno mismo con la niña en frente de mí. No puedo ponerlo bien en palabras; los veía, al mismo tiempo, compartieron el mismo lugar en la habitación. Mi mente batallaba con lo que estaba tratando de procesar. Miraba a lo que fuera que me había hablado. No había salida. Estaba atrapado ahí con ello. Y luego volvió a hablar.

…….—David, no debiste haber venido.

…….Cuando habló, escuché las palabras de la bestia y de la niña fundirse en una voz que no me atreveré a describir. En mi mente se grabó la frase y reprodujo infinitamente, aislándome de todo otro sonido. No supe qué hacer, me estaba sumiendo en la locura y aun así no era capaz de apartar mis ojos de lo que estaba delante mío. Caí al suelo. Creí haberme desmayado, pero la habitación no me lo permitiría. Sólo quería que terminara. Me apoyaba en la pared, con los ojos entreabiertos y la bestia fijando los suyos en mí. A centímetros de mi cuerpo se paseaba una de las ratas a cuerda de la segunda habitación, y ahí me llegó. La Casa se burlaba de mí. Contra toda lógica, ver la rata me dio lo suficiente para recuperar mi mente de cual fuera el turbio estado en el que se encontraba. Iba a salir de ahí. Saldría de esa casa y viviría y nunca pensaría en ese lugar de nuevo. Esta habitación era el Infierno, y no estaba dispuesto a tomar residencia.

…….Al principio eran sólo mis ojos lo que se movía. Busqué en las paredes para cualquier tipo de apertura. La habitación no era muy grande, por lo que no tomó mucho explorarla. La voz de la bestia seguía,  acrecentándose mientras ella permanecía fijada a su lugar en la habitación. Puse mi mano en el suelo y me coloqué de rodillas, volteándome a revisar la pared detrás de mí; lo que vi me dejó aturdido. La criatura a un tiempo pasó al lado izquierdo de mi espalda, susurrando en mi mente que no debería haber venido. Sentía su aliento en mi cuello, pero me negué a dar la vuelta, y de pronto no me interesaba tanto su presencia. Un gran rectángulo estaba raspado en la madera con una pequeña abolladura en su centro, justo en frente de mis ojos tenía el gran siete que en mi desesperación había rasgado en la pared. La séptima habitación, tras la pared donde la quinta estaba hace unos momentos.

…….No sé cómo lo había hecho, y tal vez fue mi pánico en el momento, pero había creado la puerta. En mi locura había cavado en la pared lo que más necesitaba, una salida a la siguiente habitación. El demonio estaba justo detrás de mí, mas por alguna razón parecía no poder tocarme. Cerré los ojos y coloqué ambas manos sobre el gran siete. Y empujé. Empujé tan duro como pude. El demonio estaba ahora gritando a mi oído. Me dijo que nunca escaparía. Me dijo que éste era el final pero que no iba a morir, que me quedaría a vivir en la sexta habitación con él. No lo haría. Empujé y grité a todo pulmón. Arremetí contra la puerta y grité, y el demonio se había ido. Me quedé en silencio. Me di la vuelta lentamente y fue recibido por la habitación conservando el aspecto que tenía cuando llegué, sólo una silla y una lámpara. No lo podía creer, pero no tenía tiempo para pensar. Me volví a la puerta y di un salto atrás en asombro. Lo que vi fue una puerta, no una que había cavado en la madera, sino una puerta normal con un siete grande en ella. Todo mi cuerpo estaba en shock. Debí de girar la perilla por reflejo luego de un segundo; de ninguna manera me quedaría a esperar que esa cosa volviera.

…….Ingresé a la habitación completamente agotado. La puerta se cerró detrás de mí, y me di cuenta de dónde estaba. Afuera. Era distinto a la quinta habitación, realmente estaba afuera. Caí de rodillas… quería llorar. Por fin salí de ese infierno. Di un vistazo a la puerta por la que salí y me encontré con la entrada principal. Me dirigí a mi coche y regresé a casa, pensando en lo agradable que una ducha sonaba.

…….Caminando por el pórtico de mi casa me sentí incómodo. La alegría de abandonar La Casa Sin Fin se desvanecía y el miedo lentamente turbaba mi juicio. Lo dejé a un lado, por todo lo que había experimentado en las últimas horas. Entré y de fui directo a mi habitación. Sobre la cama estaba mi gato Baskerville. Era el primer ser vivo que contemplaba en toda la noche, y me acerqué para acariciarlo. Protestó y arañó mi mano. Retrocedí extrañado, ya que nunca había actuado de esa manera. Pensé «Lo que sea, es un gato viejo». Tomé una ducha y me preparé para lo que esperaba sería una noche en vela.

…….Después de mi ducha fui a preparar algo de comida. Bajé las escaleras y llegué a la sala de estar, y lo que vi quedará por siempre grabado en mi mente. Mis padres estaban tirados en el suelo, desnudos y cubiertos en sangre. Habían sido mutilados hasta el punto en que era difícil reconocerles. Sus miembros fueron removidos y colocados junto a sus cuerpos, y sus cabezas dejadas sobre sus pechos, viendo hacia mí. La parte más inquietante eran sus expresiones. Sonreían, como contentos de verme. No sabía lo que había pasado, ni siquiera vivían conmigo en ese entonces. Vomité, y luego algo captó mi mirada. Una puerta que no estaba ahí antes. Una puerta con un gran «8» pintado en sangre.

…….Continuaba en la Casa. Estaba de pie sobre mi sala de estar, pero dentro de la séptima habitación. Ambos rostros sonrieron ampliamente al darme cuenta de esto. La octava puerta estaba al otro lado de la sala en la pared detrás de los cuerpos mutilados, que ahora estaba seguro no pertenecían a mis padres. Sabía que no podía detenerme, pero en ese momento estaba rendido. Sus rostros sonrientes tomaron control de mi ser, fijándome a donde estaba parado, inmovilizándome. Vomité por segunda vez y estuve a punto de caer… Entonces el zumbido regresó. Era más fuerte que nunca, y colmó la casa e hizo temblar las paredes. El zumbido fue lo que me obligó a caminar. Mi cuerpo apenas podía mantenerse en pie, difícilmente podía andar, y mientras más cerca estaba de los cuerpos, más cerca estaba del suicidio. Las paredes se sacudían con tanta fuerza que parecían estar a punto del colapso, pero aun así las cabezas me sonreían. A medida que me aproximaba, sus ojos me seguían. Estaba posicionado ahora entre los dos cuerpos, a unos metros de la puerta. Las manos desmembradas se arrastraban por la alfombra hacia mí, al mismo tiempo que las cabezas continuaban mirándome. El pánico se apoderó de mí y aceleré mi paso. No los quería oír hablar. No quería que las voces coincidieran con las de mis padres. Comenzaron a abrir sus bocas, y las manos ya estaban a sólo centímetros de mis pies. En un arrebato de desesperación me lancé hacia la puerta, abrí y cerré de golpe detrás mío. Octava habitación.

…….Era una réplica de la cuarta y sexta habitación. Sentado en la silla previamente desocupada había un hombre. Tras algunos segundos de incredulidad, mi mente finalmente aceptó que el hombre sentado en la silla era yo. No alguien muy parecido a mí, ése era David Williams. Me acerqué. Pese a estar seguro tenía que verle de cerca. Él me miró y me di cuenta de las lágrimas en sus ojos.

…….—Por favor… por favor, no lo hagas… por favor, no me hagas daño.

…….—¿Qué? —dije—. ¿Quién eres tú? No voy a hacerte daño.

…….—Sí lo harás… —estaba sollozando ahora—. Vas a hacerme daño y no quiero que lo hagas. —Se colocó en la silla con las piernas entre sus brazos y comenzó a mecerse de atrás hacia adelante. Era muy lamentable verlo, sobretodo porque era como yo, idéntico en todos los sentidos.

…….—Escucha, ¿quién eres? —Me encontraba a sólo unos metros de mi copia. Fue la experiencia más extraña hasta ese punto, ahí de pie hablando conmigo mismo. No estaba asustado, aún—. ¿Por qué estás…?

…….—Me harás daño… me harás daño… Si quieres salir, me harás daño…

…….—¿Por qué dices eso? Cálmate, ¿sí?

…….Tuvo que apartar un pie de su cuerpo para permitirme verlo, sólo ligeramente. El David en la silla vestía con la misma ropa que yo, a excepción de un pequeño bordado rojo en su camisa, uno con forma de nueve.

…….—Me harás daño… por favor no me hagas daño… —Su tono de voz empezó a menguar. Su mirada estaba perdida en un rincón de la habitación.

…….Yo no podía superar ese pequeño número en su pecho. Sabía exactamente lo que era. Las primeras puertas fueron sencillas y… presentes, mientras que las demás comenzaron a ponerse más ambiguas. La séptima fue rasgada en la pared por mis propias manos. La octava estaba marcada en sangre por encima de los cuerpos mutilados. Sin embargo, la última… este número estaba en una persona, una persona viva. Y peor aún, estaba en una persona que se veía exactamente como yo.

…….—¿David? —Tuve que preguntar.

…….—Sí… me harás daño… —Inquirió.

…….Di un vistazo alrededor en lo que él seguía lamentándose. La habitación no tenía puerta, y de manera similar a la sexta, la entrada ya no estaba. Por alguna razón supuse que con rasgar la pared no conseguiría nada. Estudié las paredes y el piso alrededor de la silla, acercándome a ésta para revisar si tenía algo por debajo. Desafortunadamente, lo tenía. Bajo la silla había un cuchillo, acompañado de una etiqueta, que ponía: «Para David, de la Gerencia».

…….La sensación en mi estómago al leer la etiqueta era algo maligno. Quería vomitar, y la última cosa que quería hacer era tomar el cuchillo. Mi mente daba vueltas en un mar de preguntas sin respuesta. ¿Quién puso esto aquí y cómo obtuvo mi nombre? Por no mencionar el hecho de que mientras estaba arrodillado en la fría madera también estaba sentado en la silla, sollozando por la idea de ser herido por mí mismo. Era demasiado para procesar. La Casa y la Gerencia habían estado jugando conmigo todo este tiempo. Mis pensamientos se volvieron a Peter, y de si él había o no llegado hasta aquí; y de hacerlo, si se encontró con un Peter Terry llorando en esta misma silla, balanceándose de atrás hacia adelante. No, no importaba. Tomé el cuchillo y el otro David guardó silencio.

…….—David —dijo con mi voz—, ¿qué crees que haces?

…….Me levanté del suelo y apreté el mango del cuchillo en mi mano.

…….—Voy a salir de aquí.

…….David permanecía en la silla, ahora mucho más sosegado. Me miró con una leve sonrisa que no me permitió discernir de si iba a reír o estrangularme. Poco a poco se levantó de la silla y se colocó frente a mí. Era sorprendente, su altura e incluso su postura eran iguales a las mías. Sentí el mango plástico del cuchillo y lo apreté con más fuerza. No sabía lo que planeaba hacer con él, pero tenía la sensación de que lo iba a necesitar.

…….—Ahora —su tono de voz sonó un poco más profundo que el mío—, voy a hacerte daño. Voy a hacerte daño y te voy a mantener aquí. —No respondí. Sólo contuve la respiración y lo derribé al suelo. Inmovilizándolo, con el cuchillo en posición y listo, miré hacia abajo. Él miró de vuelta aterrado. Era como estar frente a un espejo. En ese instante el zumbido volvió, bajo y distante, aunque lo sentía hasta en lo más profundo de mi cuerpo. David me veía mientras yo me debatía mi siguiente movimiento y el zumbido me parecía cada vez más insoportable.

…….Sentí algo dentro de mí romperse. Con un movimiento enterré el cuchillo por el bordado y desgarré completamente a David desde su pecho hasta el final de su abdomen.

…….La negrura llenó la habitación. Caí…

.

…….La oscuridad a mi alrededor no puedo compararla con nada de lo que había experimentado hasta ese punto. La cuarta habitación estaba oscura…, pero no como esto. Creí no estar cayendo después de un tiempo. No sentía mi peso, sólo una profunda tristeza. La visión de mis padres no abandonaba mi mente. Estaba consciente de que no era real, pero lo había visto, y la mente tiene problemas para diferenciar entre lo que es real y lo que no. Estuve en la novena habitación por días. En la habitación final… y es que era exactamente eso, el final. La Casa Sin Fin tenía un final, y lo había alcanzado. Bajo la impresión de que seguiría en ese estado por siempre, me di por vencido. Ni siquiera el zumbido estaba ahí para retar mi cordura. Había perdido completamente mis sentidos. No había ningún sonido; la vista era inservible aquí. Me acostumbré tanto a lo que estaba viviendo que no sé decir cuándo fue la primera vez que la vi. Una luz. Una de esas luces estereotipadas al final del túnel y la sensación del suelo formándose bajo mis pies. Torpemente tanteé a mi alrededor en lo que caminé hacia la luz, previendo el momento en que un obstáculo frustraría una vez más mi intento por abandonar la casa.

…….La luz era una hendidura vertical por el lado de una puerta no enumerada. Abriéndola completamente volví al lugar donde empecé, en el vestíbulo de La Casa Sin Fin, aún vacío, aún decorado con un tema de Halloween infantil. Después de todo lo que había sucedido esa noche, desconfiaba de mi verdadera ubicación.

…….Pero nada extraño pasó. Noté que encima del escritorio había un sobre blanco con mi nombre escrito a mano en él. Inmensamente curioso, aunque reticente, encontré el valor necesario para abrir el sobre. Dentro había una carta, igualmente escrita a mano.

…….«David Williams,

…….¡Felicitaciones! ¡Ha llegado al final de La Casa Sin Fin! Por favor acepte este premio como una muestra de su gran logro.

…….Por siempre suya,

…….La Gerencia».

…….Con la carta venían cinco billetes de cien dólares.

…….No podía parar de reír. Reí por horas. Reí mientras caminaba a mi coche y en lo que conducía a casa. Reí mientras estacionaba mi auto en el garaje y reí mientras abría la puerta principal de mi casa y me seguí riendo en lo que veía el pequeño diez grabado en la puerta de madera.

La Casa Sin Fin (Parte 1)

Permítanme comenzar diciendo que Peter Terry era adicto a la heroína.

…….Fuimos amigos en la universidad y lo seguimos siendo después de graduarme. Nótese que dije «graduarme». Él se retiró luego de dos años de esfuerzo mínimo. Tras pasar de los dormitorios en la universidad a un pequeño apartamento, no frecuentamos tanto. Hablábamos en línea de vez en cuando (AIM era líder en los años previos a Facebook). Hubo un periodo que no estuvo en línea por cerca de cinco semanas consecutivas. No me preocupó. Era un completo vago y adicto a las drogas, por lo que asumí que sencillamente le dejó de interesar. Pero una noche le vi entrar de la nada. Antes de poder iniciar una conversación, me envió un mensaje:

…….«David, hombre, tenemos que hablar».

…….Entonces me contó de La Casa Sin Fin. Obtuvo ese nombre porque nadie había nunca llegado a la salida. Las reglas eran simples y cliché: alcanza el último cuarto del edificio y gana quinientos dólares, nueve cuartos en total. Estaba ubicada fuera de la ciudad, a unos seis kilómetros y medio de mi casa. Al parecer, él lo había intentado y fracasado. Supuse que su intoxicada mente exageró la situación y salió huyendo por algún fantasma de papel o semejante. Me dijo que sería demasiado para cualquiera, era antinatural. Yo no le creí; ¿por qué lo haría? Le dije que echaría un vistazo la noche siguiente, y no importaba lo mucho que tratara de convencerme de lo contrario, quinientos dólares sonaba muy bueno como para ser cierto. Partí el día siguiente. Esto es lo que pasó.

.

…….Al llegar y asimilar mi primera impresión del local… ¿alguna vez han visto o leído algo que no debería causar pavor, pero que por alguna razón un escalofrío se arrastra por tu cuerpo? Caminaba hacia el edificio, y la sensación de malestar se intensificó conforme abría la puerta principal.

…….Mi corazón se desaceleró y solté un suspiro de alivio cuando entré. El lugar se veía como el vestíbulo de un hotel cualquiera decorado para Halloween. Un letrero remplazaba al recepcionista, decía: «Habitación 1 por aquí. 8 más le siguen. ¡Llega hasta el final y ganas!». Me reí e hice mi camino a la primera puerta.

…….El área era una burla. La decoración te recordaba la sección de Halloween de un mini-súper, con fantasmas de tela y zombis animados que te gruñían al caminar a su lado. En el otro extremo estaba la salida, la única puerta además de la que usé para entrar. Caminé a través de las telarañas de juguete hacia la segunda habitación.

…….Fui recibido por niebla cuando abrí la puerta; sin duda hubo un avance en términos de tecnología. No sólo había una máquina de humo, sino también un murciélago colgado del techo y volando en círculos. Parecían tener una banda sonora de terror barata reproduciendo desde algún punto de la habitación.  No vi un equipo de música, pero supuse que debían haber utilizado un sistema de megafonía. Pasé por encima de unas cuantas ratas a cuerda y me fui con el pecho en alto a la siguiente zona.

…….En la tercera habitación es cuando las cosas empezaron a cambiar.

…….Superficialmente, no podías ver nada fuera de lo ordinario. Había una silla en el medio del piso tapizado con fina madera, una sola lámpara en la esquina hacía un pobre trabajo iluminando el lugar, y proyectaba algunas sombras en el piso y paredes. Ése era el problema. Sombras. Dejando fuera la de silla, había otras. Fue al momento que supe que algo no estaba bien. Ni siquiera pensé mientras automáticamente intentaba abrir la puerta por la que vine… Estaba asegurada desde el otro lado.

…….Aquello me desconcertó, ¿alguien las aseguraba a medida que progresaba? No, no había manera. Le habría escuchado. ¿Un seguro mecánico? Quizá. Pero estaba demasiado asustado como para pensar realmente. Me volví al frente de la habitación y las sombras se habían ido. La sombra de la silla se mantuvo, pero las demás se habían ido. Lentamente empecé a caminar. Solía alucinar cuando era un niño, así que atribuí a ello lo ocurrido. Me sentí mejor al seguir el trayecto, revisé abajo por obstáculos, y ahí fue cuando lo vi. O no lo vi. Mi sombra no estaba. No tuve tiempo de gritar; corrí tan rápido como pude a la otra puerta y me adentré a la cuarta habitación sin pensar en lo que podría contener.

…….Ésta fue posiblemente la más inquietante. Cuando cerré la puerta, toda la luz pareció ser succionada y puesta de vuelta en la habitación anterior. Me quedé ahí, envuelto en la oscuridad, sin poder moverme. No le temo a la oscuridad, nunca le he temido, pero estaba aterrado. Toda visibilidad me había abandonado. Sostuve mi mano frente a mi rostro y de no saber que le había ordenado a mi cuerpo tal cosa nunca habría sido capaz de darme cuenta. Oscuridad no lo describe. No podía escuchar nada, era un silencio inerte. Cuando estás en una habitación a prueba de sonido, aún puedes escucharte respirar. Puedes escucharte estando vivo… yo no podía. Comencé a empujarme hacia adelante, mi corazón palpitando agitadamente era lo único que podía sentir. No parecía haber una puerta del otro lado, no estaba seguro de que hubiese una esta vez. El silencio fue entonces roto por un leve zumbido.

…….Me giré violentamente al sentirlo detrás mío, pero no podía siquiera ver mi nariz. De cualquier forma, sabía que algo había ahí. El zumbido se acrecentó, más fuerte, más cercano. Di un paso atrás, nunca había experimentado esa clase de miedo. Realmente no puedo describirlo. No temía morir, temía las alternativas. Las luces parpadearon durante menos de un segundo y lo vi. Nada. La habitación estaba de nuevo inmersa en tinieblas y el zumbido era ya un chirrido salvaje. No podía seguir con ese sonido maldito durante otro minuto. Corrí hacia atrás, lejos del ruido, hasta llegar al otro extremo; al dar con la perilla de la puerta la giré y caí a la siguiente habitación.

…….Antes de que detalle la quinta habitación deben de tener claro algo. Yo no soy un adicto a las drogas. No he tenido historial de abuso de drogas o cualquier tipo de episodios psicóticos fuera de las alucinaciones en mi infancia que mencioné antes, y ésas sólo ocurrían cuando estaba muy cansado o recién despertaba. Entré en La Casa Sin Fin con la mente sana.

…….Después de caer por el cuarto anterior, mi vista de la habitación número cinco era de espaldas, mirando hacia el techo. Lo que vi no me asustó, simplemente me impresionó. Árboles habían crecido en la habitación y se alzaban por encima de mi cabeza. El techo era más alto que en las otras habitaciones, de lo cual pude conjeturar que estaba en el centro de la casa. Me levanté del suelo, sacudí el polvo, y di un vistazo. Fue sin duda la más grande habitación. No llegaba a ver la salida desde donde estaba, varios arbustos y ramas bloqueando mi línea de visión me debieron impedir de ubicar una. Imaginé que a partir de este punto las habitaciones serían más y más aterradoras, pero esto era un paraíso en comparación con la última habitación. También asumí que lo que fuera que estuviera ahí en la cuarta habitación, se quedó en la cuarta habitación. No lo hizo.

…….En lo que me adentraba por el área comencé a escuchar lo que uno escucharía si estuviera en un bosque, el ruido de los insectos y el aleteo ocasional de un ave parecían ser mi única compañía en esta habitación. Eso fue lo que más me molestó. Escuchaba los insectos y otros animales, pero no veía ninguno.

…….Caminé, esperando que tras el siguiente árbol diera con la puerta. Después de unos momentos sentí un mosquito acomodarse en mi brazo. Lo sacudí y seguí andando. Un segundo después, sentí diez mosquitos más volar a mi piel en diferentes lugares. Los sentí arrastrarse de arriba hacia abajo en mis brazos y piernas, y unos pocos bordando mi cara. Hacía un esfuerzo por espantarlos pero seguían viniendo. Cuando vi abajo dejé escapar un grito ahogado. No había un tan solo insecto. Ni un solo mosquito estaba en mi piel, pero podía sentirlos a lo largo de mi cuerpo. Los sentía picarme y los oía volar por mi rostro y alrededor. Me tiré al suelo y comencé a rodar. Estaba desesperado, odio a los insectos, especialmente los que no puedo ver o tocar. Estos mosquitos podían tocarme, y estaban por todas partes.

…….Me puse a gatear. No tenía idea de a dónde iba, la entrada no estaba por ningún lado, y seguía lejos de encontrar la salida. Así que gateé, con mi piel siendo agredida por esos insectos fantasma. Después de un interminable periodo de tiempo di con la sexta puerta. Agarré el árbol más cercano y conseguí ponerme en pie, perdidamente bofeteando mis brazos y piernas en vano. Traté de correr pero no pude, mi cuerpo estaba agotado de arrastrarse y hacerle frente a lo que fuera que tuviera encima. Emprendí algunos pasos tambaleantes hacia la puerta, agarrando cada árbol en el camino para sostenerme. Fue sólo a unos metros de distancia cuando lo escuché. El mismo insistente zumbido de antes. Venía de la habitación siguiente, y era más grave. La sensación de los mosquitos se reducía mientras el zumbido tomaba fuerza. Al poner mi mano en la perilla, los mosquitos desaparecieron, pero no me atreví a girarla. Esperé, con mi cabeza apoyada en la puerta y mi mano en un agarre tembloroso. El zumbido era tan ruidoso que ni siquiera podía oírme pretendiendo reflexionar. Sabía que de soltar la perilla los insectos volverían y no habría forma de que regresara hasta la habitación anterior. No había nada que pudiera hacer sino continuar. La sexta habitación seguía, y la sexta habitación era el Infierno.