Esa Cosa En El Bosque

14 de febrero de 1965

Escribo esto porque no estoy seguro de que mi vida dure mucho tiempo mas, Él cada vez se acerca mas al pueblo, las protecciones parecen no hacer efecto, el cura no sabe que hacer, y ya ha dejado de venir a la casa, el también tiene miedo, las armas no sirven contra Él, Dios, si es que existe, se queda de brazos cruzados, mientras eso, esa cosa, sigue acercándose.

Primero solo se quedaba en el bosque, y solo se acercaba para llevarse una o dos vacas al mes, así que nosotros todos los meses, dejábamos 2 vacas en un viejo galpón cerca del bosque, su bosque, nosotros sabíamos que si no lo molestábamos, le dábamos su comida, y no entrábamos en su bosque, no nos haría nada.

Pero últimamente, Él se empezó a comportar algo extraño, eso empezó desde que esos extraños se alojaron en el pueblo, desde el primer día en que ellos pisaron el pueblo, esos dos hombres, ambos armados con escopetas, y ropa de camuflaje, al estilo militar. Muchos vecinos afirman haberlo visto a Él observando la posada toda la noche, al otro día les dijimos que se vallan, pero se negaron.

La segunda noche, se lo vio a Él en el techo de la posada justo sobre la ventana donde esos dos hombres dormían. Les alertamos sobre eso, les dijimos que si no se Iván estaban condenados, y que condenarían al pueblo también, pero esos tipos no nos hicieron caso. Dijeron que se quedarían 5 días mas, pero no pudieron cumplir, ya que en la tercer noche El entro a la posada, se escucharon disparos, y luego unos gritos desgarradores seguidos de un fuerte rugido, entendimos que el se había encargado de ellos.

Creímos que todo había terminado, pero al parecer el estaba enfadado con nosotros por hospedarlos, ya que todos los días una persona, niños, adultos, ancianos, no importaba la edad, aparecía muerto clavados en los troncos de los árboles en los limites del bosque, a la vista de todos, y cada vez que alguien se acercaba no sobrevivía la siguiente noche. Solo quedamos 21 personas en el pueblo, 6 hombres 8 mujeres y 7 niños.

Todos estamos en la iglesia y a.C. nos quedaremos, ya que sabemos que si salimos del pueblo el nos matara sin importar que. A el las balas no lo detienen, ya que sus heridas solo duran unos segundos, y ni siquiera un escopetazo en la cabeza sirvió, ya que su cuerpo rápidamente volvía a regenerarse. Solo lo enfurecía más y más. El, esa cosa, estaba acabándonos 1 a 1, todas las noches, aunque desde que todos estamos juntos, el no nos a atacado, ya que somos muchos, aunque no creo que sea eso, el nos quiere producir miedo, o esta esperando que nos matemos entre nosotros al empezar a sentir hambre.

Cualquiera que sea su plan no me gusta. Esa cosa repugnante, con esos grandes ojos color verde, pero de un verde fluir, esa figura humano idee, y su poco pelo, lo hacían lo mas repugnante que vi. En mi vida, pero lo peor eran sus brazos, 4 brazos con manos terminadas en unas afiladísimas garras de unos 3 o 4 centímetros, aunque no estoy seguro por la distancia. Su piel es de un verde oscuro, igual que el de las hojas de los árboles del bosque.

17 de febrero de 1965

Esa cosa, esa maldita cosa se ha llevado a mi hijo! lo odio, quiero acabar con el. Pero se que no puedo. Además si fuera y hallara mi muerte, mi esposa quedaría sola, ya bastante destrozada está, con la pérdida de nuestro único y amado hijo. Se que no puedo hacer nada, la impotencia y el miedo me están matando…

25 de febrero de 1965

¡Demonio de mierda!, no puede ser, no esta conforme con llevarse a mi hijo hace poco mas de una semana, ahora me hace esto, ¡maldito! el, como se atrevió a llevársela, mi esposa, Maria, esa cosa Sigue leyendo

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EVANGÉLICO EN EL INFIERNO

Abro los ojos,

observo a mi alrededor

todo arde en llamas,

con esclavos cadavéricos

laborando sin compasión.

A lo lejos diviso

a una bestia deforme

vejando

a los esqueléticos hombres,

aclarándoles con toda mortificación,

su derecho

a no tener voto ni voz.

Confronte a la monstruosa aberracion

para instruirme

sobre esta horrible habitación,

a lo que dicha criatura protesto:

“Soy Lucifer,

tu amo y señor,

bienvenido al infierno,

Siervo Pecador”.

Anonadado ante tal revelación

exiji una explicación,

a lo que el demonio persistió:

“Usted fue un gran Pecador”.

Impresionado

ante aquella declaración,

confesé ser

un evangélico de corazón,

fiel seguidor de mi Pastor.

Irritado por aquella manifestación

Luzbel la boca me golpeo,

para burlarse

de mi aclaración: Sigue leyendo

Sangre Nieves: ¿la verdadera historia de Blanca Nieves?

Liliana esperaba con ansias la llegada de su primogénita, esa criatura que tanto habían soñado ella y su esposo, Lord Frederick. Tan segura estaba de que sería una niña, que todas las noches imaginaba su apariencia hermosa con piel blanca como la nieve, cabellos tan negros como una noche sin luna ni estrellas y labios rojos, tan rojos como la sangre fresca…

De pronto empezó a sentir un dolor muy agudo en el vientre e instintivamente llevó sus manos a él, mientras se doblaba del dolor y veía cómo el inmaculado vestido que llevaba puesto empezaba a teñirse de rojo hasta los pies, haciéndola gritar por ayuda.

Fueron horas de labor y dolor el dar a luz a esa criatura hermosa, tanto así que la salud de Liliana empezó a decaer, día a día, y ella dejó de ser la misma.

Los siguientes meses transcurrieron dentro de un ambiente de calma y alegría, mezclado con incertidumbre para Lord Frederick, ya que su felicidad no podía ser completa si tenía que ver cómo la belleza y juventud de su amada esposa se consumían rápidamente con el pasar de los días; en cambio, su hija crecía, y empezaba a dar sus primeros pasos.

Liliana murió al cabo de un año, dejando huérfana a su pequeña Lilly, y a Lord Frederick con un dolor profundo.

A los ocho años Lilly se había convertido en una niña hermosa, pero malcriada, y podría decirse que hasta malvada: gozaba maltratando a las hijas de los sirvientes, atrapaba ratones para luego ahogarlos en un balde con agua y cazaba aves pequeñas para arrancarles las alas, mientras su mirada se tornaba en algo grotesco…

Un día Lord Frederick la mandó a llamar para anunciarle que tendría que salir de viaje, puesto que iría a conocer a quien sería su nueva esposa. Esto a Lilly no la complació en lo absoluto y sólo respondió  con una mueca, echando a correr. Su comportamiento seguía empeorando, permanecía horas encerrada en la habitación de su madre cepillando su cabello frente a un gran espejo, con la mirada perdida en el vacío de su reflejo.

Pasó un tiempo antes de que Lord Frederick regresara a su castillo. Al parar el carruaje en el que venía, bajó y se quedó parado con la mano extendida a la puerta del vehículo tomando la mano de una hermosa mujer. Detrás de ella, un hombre apocado y aparentemente con retraso mental cargaba una caja de madera. Lord Frederick buscó a Lilly entre el mar de gente que llagaba a recibirlos; una de las sirvientas la traía de la mano, la pequeña llegó con la mirada baja y una de sus manos cerrada en un puño.

Lord Frederick la llamó pero ella no respondió, haciendo que quisiera darle una reprimenda, pero la hermosa mujer a la que aún sostenía de la mano lo contuvo suavemente, al mismo tiempo que se inclinaba para saludar a la pequeña. Lilly la observó desafiante, pero la mujer no dejó de sonreír y preguntó a la niña si podía mostrarle su mano. La mirada de Lilly se tornó maliciosa, y abrió su puño para dejar ver el cuerpo de un ratón desollado y sin ojos.

Sin perder la compostura, la bella dama le preguntó si no preferiría cambiarlo por lo que sostenía el hombre, hermano de Lady Claudia —así era como se llamaba la bella mujer—. Ésta tomó la caja en manos de su hermano y al abrirla apareció un cachorro. Se lo mostró a la niña; ella dejó caer el ratón, sacó al cachorro, se dio media vuelta y se alejó saltando y cantando dejando a Lady Claudia encubriendo el enojo que le provocó por haberla ignorado… Al día siguiente se celebraba la boda entre su padre y Lady Claudia, pero Lilly no salió de la habitación de su madre y lloró amargamente frente al espejo.

Horas después los recién casados se encontraban dormidos. Lady Claudia empezó a sentir cómo algo goteaba en su cara. Se enderezó en la cama, pasó su mano por el rostro… ¡sangre!, era sangre de lo que se mancharon sus dedos. Miró hacia arriba y el cachorro que le había regalado a Lilly prendía de la cabecera degollado; pero ella no gritó, sólo tomó lo que quedaba del animal y se dirigió a la habitación de la niña. Al entrar se sentó en la cama y despertó a la pequeña con un beso en la frente. Lilly abrió los ojos, y entonces le dijo en voz muy baja:

—Es mejor que no me tomes como a tu rival pequeña, porque puede que pierdas la guerra.

Con el pasar de los años Lilly se convirtió en una adolescente bella e inteligente, mucho más que su difunta madre, pero con una personalidad cruel y sanguinaria. Su madrastra esperaba a su primer hijo, y Lord Frederick organizaba una gran fiesta para celebrar el cumpleaños de su hermosa primogénita. Por esta razón, Lady Claudia ofreció a Lilly el vestido que ella usó cuando cumplió dieciséis como una muestra de tregua a su pequeña guerra. La joven aceptó el vestido y caminó hacia la habitación de su madre.

Esa noche, Lilly apareció en la fiesta ataviada con uno de los vestidos de su madre. Lady Claudia se enfureció mientras veía bailar a su hijastra, y su esposo estaba embelesado porque su hija le recordaba a Liliana. La mujer empezó a sentir contracciones, y horas después el bebe nació, muerto. Lord Frederick quedó devastado… pero no se comparaba al dolor de la madre fallida, quien gritaba a todos que la dejaran en paz y llamaba a voces a su hermano. Lilly contuvo una risa de victoria.

Tras haber perdido su belleza, Lady Claudia se encerró en sí misma, hasta que un día dejó la habitación para vagar por los pasillos del castillo, y al dar con la habitación de Liliana, sintió como si una voz la instigara a entrar. Lo hizo, y caminó hasta quedar frente a un espejo inmenso con bordes dorados. Hipnotizada, se sentó en el banco junto a él y miró fijamente su reflejo, ya no gozaba de juventud… Empezó a llorar, y gritar, que todo era culpa de esa mocosa. Intentó destruir el amado espejo de Liliana, pero su reflejo la detuvo, y hablando como si tuviera vida, y haciéndola sentir que perdía la razón, le prometió devolverle su juventud y belleza siempre y cuando estuviera dispuesta a hacerle unos pequeños favores…

Así fue como Lady Claudia había rejuvenecido ante la mirada llena de odio de Lilly. Cegada por su sentimiento de triunfo, envió a Lilly a un viaje con el pretexto de que necesitaba conocer el mundo. Pero le pidió a su hermano que la escoltara, y se asegurara de que sufriera un «accidente» en el camino. Mientras tanto, Lady Claudia se encargaría de vengarse de su amado esposo, quien siempre prefirió a Lilly por sobre ella. Sigue leyendo

La Figura En La Ventana

Esa cosa ha estado ahí durante casi una semana. La figura de la ventana. Ni siquiera tiene rasgos, es simplemente piel sobre una forma… “humana”, y, de alguna manera, parece estar presionando la ventana.
No sé como ha llegado hasta ahí, y no sé como librarme de ella.
Al principio, pensé que podría ser una broma, un muñeco o un maniquí que algunos idiotas hubieran colgado ahí para asustarme. Pero me di cuenta de que, cuando salía de la casa para quitarlo de ahí… simplemente, no estaba. Dejé de pensar en ello, imaginando que alguien lo habría escondido mientras salía. Pero, cuando volví a mi habitación, miré por la misma ventana, y estaba ahí, mirándome. Caminé por la casa, gritando a cualquiera que estuviera ahí que saliera, pero no había nadie. Aquella cosa no tenía pelo, ni ropa alguna, y parecía que no tenía ojos, o siquiera una cara. Pero su cabeza siempre estaba girada hacia mí cuando entraba en la habitación. Sentía su odio inexpresivo, su “mirada” llena de odio clavarse en mi cuello mientras escribía en mi ordenador. Pero, en cuanto me giraba, volvía a mirar inocentemente hacia otra dirección.
El jueves, cansado de todo aquello, intenté abrir la ventana, pero estaba atascada. Creo que la manos de esa cosa la mantenían cerrada. Pero miré de más cerca su cara. Sus ojos y boca se escondían detrás de su piel, empujando hacia fuera. Me observó, sonriendo. Por supuesto, grité.
Eché el puño hacia atrás y lo estampé contra la ventana, decidido a librarme de aquél maldito monstruo sonriente. Sé que soy suficientemente fuerte. El cristal debería haberse roto. Pero no lo hizo. Se estremeció bajo mi mano, pero no se rompió. Y esa sonrisa se hizo más, y más grande, hasta que pensé que su cráneo se partiría por la mitad. Aquella cosa alzó su propia mano y golpeó la ventana con la palma. Se estaba burlando de mí. Pero entonces vi una pequeña brecha aparecer donde él había golpeado, y retrocedí. No dejaría que aquella cosa se metiera en la misma habitación que yo.
Así que cogí un rollo de cinta aislante y comencé a cubrir la ventana. No podía mirarlo directamente, casi me cagué encima tan solo con saber que me estaba mirando. Pero, sin poder evitarlo, eché un vistazo a aquella cara cubierta de piel. Una pequeña ojeada.

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Una noche con la muerte

( http://terrorpsicologico1.blogspot.mx/ )

Todo
empezó como un día cualquiera me levante e hice todo lo q tenia q
hacer, llego la noche y toda mi familia iba a ir a una discoteca a
bailar.

Pero yo soy de esos q no les gusta bailar ni nada de esas cosas por
el estilo.. yo me quede viendo tele cuando de repente tiraron una piedra
de tamaños inhumanos sonó como si estuvo lloviendo rocas gigantes, no
puse mucha atención y me fui a acostar.

Estando en mi cama estaba haciendo reflexiones del dia y pensando,
el frio q habitaba en mi cuarto no me dejaba dormir.. empece a mirar el
techo y ecuche unos pasos de un caballo, parecía q el techo iba a
romperse y me iba a caer encima cerre los ojos esperando q yo estuviera
dormido y fuera un sueño.

Sali asustado de mi cuarto hasta la cocina para tomar un vaso de
agua… regrese a mi cuarto menos asustado por que ya no escuchaba los
pasos de ese caballo abri mi puerta y para mi sorpresa un niño como si
había muerto hace años con su carita demacrada, triste.

Corri asustado del miedo por toda la casa esperando q mis padres
llegaran pero parecía un milagro imposible saque un rosario(cosa q
descubri q no sirvió de nada) y queriedo asustar a ese niño no me hizo
caso y me pregunto

– ¿oye, quieres dormir?¿cierto?

…me quede medio petrificado y con mucho costo le dije q si, el niño
desapareció y logre dormir…luego siendo las 3 de la madrugada.

Mi familia ya estaba en casa todos dormian,algo me levanto sintiendo
q era una mano q toco mi cabeza acariciando mi pelo, era una mano muy
fría y pequeña, pensaba yo era el niño, pero queriendo abrir los ojos no
pude abrirlos, pero supe por pensamientos q esa mano no era de ese niño
por q me hablo y no era esa voz triste y pequeña de ese niño, era una
voz gruesa y rigida como la voz de una amenaza, después ya no eran
caricias eran rasguños,…. Luego desapareció y no supe mas de esa mano,
ni del niño.. a las 5 de la mañana desperté con un fuerte dolor de
cabeza y unas pequeñas heridas en la cabeza.

esta en una historia completamente real la vivi el año pasado…

por rogeliofm

“Muñeca Maldita”


20 de Diciembre 

Querido Papá Noel

 

Soy una niña de ocho años llamada Guadalupe. Todos me dicen Lupe así que tú también puedes llamarme así. Me he portado bien todo el año, he cumplido con la tarea de la escuela, también he sido una buena hermana al cuidar del bebé cuando mi mamá se va de noche y regresa a la madrugada eufórica y sonriente como nunca. Así que creo que merezco un buen regalo. Ayer a la tarde vi en el centro comercial la última Barbie, la que viene con la bañera y se le puede teñir el cabello. Sé que es un poco cara, pero creo que podrás conseguirla para mí. Porfis, Papá Noel. Porfis porfis porfis

 

26 de Diciembre
Querido Papá Noel
¡Muchas gracias por la muñeca! Soy la niña más feliz de este mundo. No puedo dejar de admirar la Barbie y jugar con ella. Tiene algo extraño en su mirada, pero no importa, tal vez sean cosas mías. Te mando un saludo y te deseo un buen viaje de regreso al Polo Norte. Con cariño, Lupe
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31 de Diciembre
Querido Papá Noel
Sé que la Navidad ya pasó y que ahora seguramente debes estar descansando en tu casita en el Polo, pero quisiera pedirte una última cosa. Quiero que te lleves la muñeca. No es mi intención parecer desagradecida, en realidad estoy muy feliz con la forma en que me trataste, pero la verdad esa muñeca me da miedo. Su mirada brilla durante la noche. Y a veces, sobre todo cuando mi mami no está y yo quedo sola con el bebé, la muñeca se mueve. Traté de tirarla o dejarla en el desván, pero de alguna manera siempre vuelve a mi habitación. Y yo tengo miedo por el bebé. Creo que quiere hacerle daño. Así que por favor, llévatela de aquí. Esta noche la dejaré cerca de la chimenea, para que te resulte más fácil encontrarla. Te mando un beso, y espero con toda mi alma que puedas leer mi carta.
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02 de Enero
Querido Papá Noel
Veo que no leíste mi carta. La Barbie sigue aquí. Y mamá se ha quebrado el cuello.
Cayó de las escaleras cuando iba a trabajar. Ahora está en coma en el hospital, le insertaron unos tubos horribles en su boca, por lo que no puede hablar y contar lo que pasó. Pero yo sé lo que pasó. La muñeca se atravesó en su camino. Se colocó sobre un escalón para que mi mami tropiece. Ahora nos cuida una tía lejana, pero ella se va a la noche porque tiene un negocio que atender. Así que yo quedo a cargo del bebé. Ayer apenas pude dormir. Vigilo a la muñeca a todas horas, pero no sé hasta qué punto podré hacerlo. Mi único aliado es Benja, el gato. La muñeca parece tenerle terror y se esconde cada vez que Benja se encuentra cerca. Así que me llevé al gato a la habitación conmigo, y juntos cuidamos al bebé. Pero te repito, no sé cuánto tiempo podré aguantar esta situación. Ahora que mi mamá no está, la muñeca anda a sus anchas por la casa. Aparece en el living, después en el baño, más tarde en la cocina. Y su mirada. Sé ahora que es la muñeca del diablo. O de su hija, si la tuviese.
Por favor, Papá Noel, sé que tienes los poderes para hacer desaparecer la muñeca. Te pido que regreses y te la lleves.
Porfis porfis porfis
03 de Enero
Papá Noel:
Ahora estamos totalmente solos, el bebé y yo.
Benja apareció muerto en el patio.
03 de Enero (Noche)
Papá Noel:
Ya perdí todas esperanzas. Sé que no estás leyendo mis cartas. Estamos encerrados, mi hermanito y yo, en su dormitorio. La casa está sola, y hay ruidos afuera. Una pequeña sombra se recorta contra la línea de luz debajo de la puerta. Es ella. Es la muñeca. Se agacha y me mira a través de la hendija. Sonríe. Sus ojos brillantes me dejan sin aliento. El bebé en la cuna se mueve y comienza a rezongar. Estamos solos.
Estamos solos, Papá Noel.
Y creo que la muñeca se ha cansado de jugar: ha metido medio cuerpo debajo de la puerta, y está tratando de ingresar a la habitación.
12 de Marzo
Papá Noel:
Sé que hace rato no te escribo, porque la verdad estaba enojada contigo. No leíste ninguna de mis cartas, y por tu culpa ahora yo estoy aquí, alejada de mi casa y mi familia.
El bebé está muerto.
Mi tía lo encontró a la mañana siguiente. Yo me había quedado dormida y aunque le conté de mis intentos de protegerlo de la muñeca, ella no me creyó.
Hicieron una autopsia al bebé, y encontraron a la muñeca dentro de su barriguita. Aún lloro cada vez que recuerdo ese terrible momento.
Y luego me trajeron aquí. Yo conté mi historia a la señora que es dueña del lugar, conté de la muñeca y sus ojos refulgentes. De su intento de matar a mamá, y de los crímenes que cometió contra Benja y mi hermanito. La señora me escuchó atentamente y luego me mostró un video, supuestamente registrado por la cámara que está en la habitación del bebé.
Y en el video aparezco yo con la muñeca, sólo que ésta no se mueve ni sus ojos refulgen en la oscuridad. Me aproximo a la cuna del bebé y comienzo a meterle la muñeca por la boca. Es un video horrible, el más horrible que vi en mi vida, y trato de apartar la mirada, pero la señora me obliga a seguir viendo. En el video yo comienzo a gritar cosas, mientras el bebé se pone morado y se agita sobre su cuna. Le digo que lo odio, que lo odio desde que él nació, porque por su culpa yo tengo que quedarme hasta altas horas de la noche cuidándolo y cambiándole los pañales, y como consecuencia mis notas han desmejorado mucho. Las notas de la escuela eran lo mejor de mí, le grito, y ahora soy una alumna mediocre porque no tengo suficiente tiempo para estudiar como cuando vivía únicamente con mi mamá, y con Benja.
El video se termina ahí. No sé qué habrá pasado después, seguramente lo cortaron. Pero a mí no me engañan. Sé que la chica de la filmación no soy yo. Es la muñeca. De alguna manera se hizo pasar por mí. Y ahora yo estoy encerrada, mientras ella debe andar en algún lugar de la ciudad, escondida y planificando sus próximos crímenes.
Pero no importa, tarde o temprano saldré de aquí, y la encontraré. Y entonces me vengaré de ella. Y también de mi mamá, por haberme encerrado en este lugar.
Y de mi tía, por no creer mi historia.
Y de la señora que me mostró el video.
Y también de ti, Papá Noel.
Por no haber escuchado mis advertencias.
Por no haber leído mis cartas.
Iré al Polo Norte y te buscaré.
Y te encontraré.
No te quepan dudas de ello.
Te enseñaré a no ignorar a las niñas desamparadas como yo.
Con cariño,
Lupe
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El Roto Que Engaño Al Diablo

El Diablo es tan diablo, que hasta los más malvados le temen.

Es que nadie se atrevía con el Diablo, hasta que cierta vez, hace mucho, muchísimo tiempo, se encontraba un roto (persona pobre de malas costumbres) chileno.

Bartolo era un huaso joven que todo le salía mal en ese año: en otoño se le helaron sus cultivos y en invierno se le inundó el sembrado. De pura flaca se murió su vaca. Así que Bartolo dejó el yugo, el arado, la rastra y el rastrón, y partió en busca de mejor suerte.

Tenía familiares en la costa que eran pescadores. «Pero si yo no conozco el mar», se dijo a sí mismo el pobre Bartolo. «Ser minero debe ser más fácil», y se encaminó a los lavaderos de oro, en donde se decía que las pepitas de oro eran abundantes como chicharrones en un plato de porotos.

Pero no encontró oro. Volviendo triste a casa, se preguntaba cómo podría resolver sus problemas económicos. Tenía miedo, pero más que miedo, vergüenza de volver a su familia sin dinero, pues se acercaba la fiesta de aniversario de Chile y él quería bailar una buena cueca con La Peta, la chica más linda y hacendosa de la comarca.

Entonces recordó una idea que tuvo su abuelo para hacerse rico, pero que nunca intentó por miedo: hacer un pacto con el Diablo.

El joven arrogante pensó, «De más que hago pacto con el Diablo», pero apenas se dijo esas palabras, sintió miedo.

Ya entrada la noche, fue al bosque, era una de esas noches sin luna. Con toda la fuerza de voluntad, y con lo que sus pulmones le permitieron, gritó «¡Patas de Hilo!» tres veces, uno de los apodos del Diablo en Chile, como también lo son Malo, Malulo, Cachudo y El Cola en Punta.

Un relámpago abrió de par en par el cielo, la tierra tembló y el joven sintió un olor a azufre.

Entonces lo vio… De barbilla, bigote y rabo; de chispas por los ojos y una risa del demonio.

Bartolo no se asustó, sorprendentemente, y luego ambos comenzaron a hablar de negocios. Bartolo quería venderle su alma, ya que nada más tenía.

—Cien mil pesos y mi alma es tuya —sentenció Bartolo, y al Diablo le pareció un buen precio por un alma, así que se los dio.

—Pero hay que firmar un pacto —dijo el Diablo—. ¿Cuándo queréis que te lleve?

—Hoy mismo —respondió Bartolo, haciéndose el tonto.

El Demonio se extrañó mucho, pues todos le pedían años y años para gozar la vida. Por fin, ambos acordaron que el Diablo vendría a buscarlo mañana. El Malo le pinchó el dedo corazón al huaso, y con su misma sangre, escribió:

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

En cuanto el huaso lo firmó, el Diablo lo recibió y desapareció, entre una risa maléfica y una explosión de fuego, humo y olor a azufre.

No hay necesidad de decirlo, el huaso Bartolo aprovechó al máximo sus cien mil pesos, con un caballo, ropa de buena calidad, dinero para sus familiares y dinero para La Peta, con la cual bailó un montón de cuecas.

Se le hizo corto el día.

Apenas anocheció, fue a su cita con el Diablo, el cual lo saludó con su sonrisa endemoniada.

—Muy bien —le dijo—. Mucho gozaste, ahora recibo mi premio.

—¿Cómo que recibes mi alma? —dijo Bartolo irónico—. Tan Diablo eres, y no sabes leer…

De mala gana, el Diablo sacó el pacto, y lo leyó.

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

—Es verdad —dijo—, la cosa es mañana.

—Así es —asintió Bartolo—, pero déjeme otros cien mil pesos por el viaje y la puntualidad.

El Malo se los dio.

—¡Mañana te espero! —le dijo al pasárselos.

—Mañana volveré —aseguró el huaso.

Y cuentan que el roto siempre volvía, y el Diablo siempre leía aquel pacto que entraba en una contradicción temporal.

«Bartolo Lara,

No te llevaré hoy,

Pero te llevo mañana».

El Diablo, que se dio cuenta de esto en algún momento, le dijo, ya cansado:

—¡Me has engañado!

Y estalló, ardió; había fuego por doquier. Bartolo no se explicaba cómo era que no le pasó nada.

Las historias cuentan que el roto se mudó del campo hacia el gran Santiago para evitar estar solo en los bosques, y que le apareciera el Diablo.

También se dice que hizo un pacto con la Tierra, la cual lo ayudó con su granja, que ahora que tenía dinero, la mejoró y comenzó su producción.

Pero por los bosques de Chile, cerca de las granjas, cuando los perros se ponen a aullar, los ancianos aseguran que sale el Diablo buscando al huaso roto que lo engañó.

Pequeñas Zorras

La muñeca enterrada

 

Pedro era casi como un hermano para Juan, ya que ambos se conocían desde hace algunos años y eran inseparables. Los dos iban al mismo instituto, estaban en la misma clase y, casi siempre que organizaban trabajos en grupo, se juntaban.

Un día la maestra de Ciencias Naturales mandó una tarea bastante rara, aunque ciertamente entretenida: los alumnos debían traer muestras de distintos tipos de tierra según el nivel de profundidad, guardando en bolsitas un puñado de tierra cada cinco centímetros que horadaran en ella. Como de costumbre, Juan y Pedro se juntaron para trabajar, aunque en realidad aquello de «trabajar» era un pretexto, una excusa perfecta para que ambos consiguieran el permiso de sus padres para ir al bosque en las afueras de la ciudad.

Una vez allí decidieron que no se adentrarían demasiado para no correr el peligro de perderse; no sería la primera vez que algún excursionista poco experimentado se desorientaba en ese bosque (en algunos casos con funestos resultados). Marcaron con una tiza todos los árboles por los que pasaban para no confundir el camino de vuelta, y empezaron a adentrarse un poco más de lo pactado en las profundidades de la imponente masa de árboles. Llegado a un punto un extraño claro les llamó la atención.

—Este sitio es perfecto para escavar, aquí seguro que no nos molestan las raíces de los árboles, y además esas piedras parecen «cómodas», podemos sentarnos a comer un bocadillo —dijo Juan.

—El bocadillo me lo comeré yo mientras escavas, porque desde luego no me pienso ensuciar la camiseta nueva —bromeó Pedro poniendo voz de niña consentida.

—Hagamos una cosa, nos comemos el bocadillo ahora, y con el estómago lleno nos lo jugamos a cara o cruz —dijo Juan, pues tenía hambre desde hacía casi una hora.

Tras quince o veinte minutos de risas y bromas, acabaron su almuerzo y Juan sacó una moneda.

—El que pierda empieza, estamos cinco minutos cada uno y continúa el otro. Que por la Bruja de Ciencias no me pienso partir la espalda. Tampoco vamos a enterrar a nadie, así que 50 centímetros de profundidad como mucho.

—Vale, prepárate a perder —dijo Pedro mientras sacaba de su mochila las herramientas de jardinería que le había pedido prestadas a su padre.

Juan perdió el lanzamiento, y un poco desganado empezó a buscar por todas partes para elegir dónde comenzar a cavar. Vio de pronto un montón de hongos rojos con puntos blancos, todos creciendo juntos en el mismo lugar. Aquello suscitó en él un entusiasmo infantil que lo hizo correr a cavar en el lugar, como si las setas le indicasen con su presencia la posibilidad de encontrar algo extraño bajo tierra.

—Le voy a guardar unas setas a la bruja, con un poco de suerte serán venenosas —dijo riendo mientras metía en una de las pequeñas bolsas una muestra de tierra de la superficie.

Al tocar la tierra con sus manos, sintió un escalofrío por todo el cuerpo. De pronto comenzó a tener miedo y se levantó de golpe.

—¡Tengo frío, aquí hace más frío que en todo el bosque! —le gritó a Pedro.

—¡Jajajá!, ay sí, ay sí, estás encima de un lugar maldito o hay un fantasma justo donde estás cavando —le dijo Pedro, ridiculizando a su amigo.

Juan, por hacerse el valiente, siguió cavando y juntando la tierra en bolsitas diferentes cada cinco centímetros de profundidad. Entretanto, Pedro exploraba el paisaje y jugaba fútbol con una piedra.

—¡Mira! —gritó Juan cuando llevaba unos minutos cavando. Pedro fue corriendo a ver lo que Juan le mostraba con tanta exaltación; era una muñeca pelirroja de unos treinta centímetros. Al mirarla sintió que un escalofrío le recorría la médula y que el asco se anudaba en su cuello como una larga escolopendra llena de punzantes y grotescas patas.

—¡Agh, suelta eso! —exclamó Pedro con una mezcla de terror y asco mientras se apartaba de aquella repulsiva muñeca tuerta que Juan sostenía en su mano.

Juan, que parecía confundido, miró de nuevo a la muñeca y la soltó horrorizado al ver lo mismo que Pedro: gusanos, enormes gusanos blancos. Se contorsionaban dentro de la cabeza de goma de la muñeca, se agitaban como poseídos y comenzaron a sacar sus pequeñas cabezas por la cavidad en la que alguna vez estuvo el ojo faltante de esa muñeca pelirroja, aún cubierta por una ropa que misteriosamente conservaba su blancura casi intacta.

—¡Pero si cuando la desenterré estaba bien, era preciosa y parecía sonreírme!

El único ojo que le quedaba a la muñeca era inquietante: grande, pero con la parte blanca pintada de negro y con un iris pequeño e intensamente rojo, en el cual había una diminuta y demoníaca pupila.

¿Qué clase de enfermo mental habría escondido una muñeca tuerta bajo tierra? ¿Por qué los gusanos se aglomeraban en la cabeza de la muñeca? ¿Sería verdad lo del frío que mencionó Juan?

Ambos chicos, realmente asustados, salieron corriendo del lugar, sintiendo cómo la mirada del único ojo de esa muñeca se les clavaba en la espalda. Únicamente pararon un par de veces, veces en las que Juan se detuvo a vomitar por la idea de haber tenido en sus manos cientos de gusanos sin darse cuenta. Incluso al llegar a casa a Juan parecía que no lo abandonaban las nauseas, seguía vomitando y su cara se puso de un tono amarillento pálido.

Los dos amigos pensaron que se recuperaría en un par de horas, pero no fue así. Con el paso de los días cada vez estaba más delgado, pálido y débil. Tenía el aspecto de uno de esos enfermos terminales que llevan años luchando contra la muerte en una habitación de hospital, y cuyos médicos no aciertan en diagnosticar una causa para su condición. Una semana después de desenterrar la muñeca, Juan murió.

Desconsolado por la muerte de su amigo, Pedro empezó a relacionarse cada vez menos con los demás y a pasar los recreos en la biblioteca del colegio; en su casa devoraba libros ávidamente y los fines de semana visitaba librerías. Los libros eran sus nuevos amigos, y su refugio. Buscaba explicaciones médicas para poder entender lo que le pasó a su amigo, pero los síntomas que experimentó Juan eran tantos, que parecía que había contraído varias enfermedades mortales simultáneamente.

Un día, en una extraña librería, Pedro encontró dentro de la sección de esoterismo un libro sobre ritos y leyendas. Era un libro viejo y usado, un libro de esos que ya casi no se encuentran y que tienen extraños dibujos entre sus páginas cubiertas de polvo. Allí decía lo siguiente, junto al dibujo de una muñeca igual (excepto porque no estaba tuerta) a la que encontró su amigo:

«El que tenga un mal incurable, que entierre una muñeca igual a ésta mientras entona la presente invocación. Su enfermedad quedará atrapada en la muñeca, pero el primero que la encuentre recibirá la enfermedad y morirá, salvo que realice este mismo ritual».

Todo estaba claro: los gusanos, los hongos, el frío, todos eran indicios de que la muñeca que encontraron en el bosque era una muñeca maldita. Una muñeca en la que por medio de algún pacto o brujería, alguien había desatado una maldición que condenaría a enfermar a aquel que la encontrase y sentenciaría su alma a cambio de su propia curación.